lunes, agosto 26

La difícil tarea del periodismo

La profesión del periodismo es una de las actividades más complejas que existen, su nivel de responsabilidad radica en la debida labor de recolectar, sintetizar, jerarquizar y publicar información de actualidad. La noticia, como información, es transmitida en criterios metodológicos que respeten, ante todo, la verdad. Pero sucede que estos criterios no siempre se respetan y llegan incluso a ser contrarios a la realidad de la cual han nacido. Un medio de comunicación lleva consigo una gran responsabilidad, y por ende constituye su ejercicio una difícil tarea. Mas esta no se encuentra exenta de un común denominador en todos los seres humanos: podemos equivocarnos, y resulta, desde dramático hasta excesivo, la hoguera que se arma cuando un medio de comunicación comete un error. Le pasó recientemente a Página Siete de la ciudad de La Paz y tuvo por victima a su Director quien renunció a sus funciones. No afirmo que una noticia equivocada no deba enmendarse, y que las consecuencias de todo daño derivado de este tipo de acciones u omisiones deban de enmendar a las víctimas, pero si es necesario dejar de lado las cacerías de brujas que, en tiempos recientes - tal cual sucedió de manera más drástica en los setentas - se han venido presentando. Una gran responsabilidad implica una gran profesionalidad, niveles alto de ética y moral, el periodismo implica esto y mucho más, debido a que, tal cual un profesor, sus afirmaciones al difundirse se multiplican. Es posible y no podría, en calidad de analista, dejar de lado los errores en que incurrió Página Siete, pero es menester también tocar la necesidad de un mayor respeto hacia el periodismo y desde este hacia la sociedad civil y, por que no afirmarlo, a la misma clase política, por muy desgastada que esté. Para nadie es un secreto, y no es materia actual sino que se arrastra desde hace varios años y gestiones gubernamentales atrás, que el canal estatal es siempre un canal parcializado, un medio de comunicación aferrado a mostrar y difundir, bajo todos los medios posibles, la visión oficialista de cualquier situación. Así mismo, medios de comunicación de tendencia ideológica contraria al gobierno, manifiestan sus opiniones en tal sentido y por ende serán críticos de cómo van las cosas. La opinión y crítica plural es base del sistema democrático, incluso en los medios de comunicación, quienes, si no tergiversan las noticias, pueden bien mostrarla con su verdad dejando al lector formar su propia opinión. Lo que alarma y falta, es el respeto, un respeto profundo hacia el que piensa distinto, hacia el que considera que algo debiera ser diferente, este nivel de tolerancia es algo que le falta al Gobierno y que, en numerosos discursos se extraña, es también algo que varios medios de comunicación han olvidado cuando, de manera irresponsable, incluyen titulares mentirosos o digitados para alarmar o dañar, es algo que todos debiéramos tener y fomentar, lo que en diversas latitudes es conocido como una cultura del diálogo. Lo sucedido con Página Siete tiene un fondo mayor y bien puede servir, no como antecedente ejemplificador, que no debe caer en ello pues se llegaría al amedrentamiento, sino que debe considerarse un ejemplo sobre ser responsables, por un lado quienes brindan la información y por otro, para ser más cautos, a quienes tienen la posibilidad de lanzar el puñal acusador. Está en manos de los medios de comunicación, las autoridades gubernamentales y la propia ciudadanía, alcanzar un grado de madurez en este tipo de situaciones, que la cultura de diálogo se imponga por sobre las diferencias existentes, ya que, en el fondo, todos perseguimos mejores días para nuestros hijos y navegamos en el mismo barco.

lunes, agosto 12

Indianización vs bolivianización

En el reciente discurso del 6 de agosto, el Vicepresidente del Estado afirmó que Bolivia sigue un proceso de indianización, concepto que haría alusión a un creciente deseo o anhelo de ser parte o relacionarse de algún modo con lo indígena, proceso que sería resultado de la mayor presencia originaria en la toma de decisiones del futuro del país. Es evidente que el actual partido de gobierno, más que tener una visión socialista, por mucho que su sigla política así lo refiera o los discursos hablen del tema, tiene una visión indigenista, una postura (más que una doctrina formada) que ha logrado revalorizar saberes muy propios de nuestro país, logro que nadie le discute y que si bien tiene su lado positivo también ha recalado en un lado negativo cuando se ha centrado en el odio y la confrontación, cuando han surgido las voces llamando a la lucha entre bolivianos y que han terminado, incluso con sangre, en diversas regiones del país. Sin embargo de que es posible que la mayor inclusión indígena tenga resultados inmediatos sobre la forma en la que las y los ciudadanos de este país nos vemos, es preciso detenernos a reflexionar y poder dejar de lado las etiquetas que durante mucho tiempo vienen causando más separación que unidad. Lo afirmado por el Vicepresidente, más allá de ser o no veraz, no encaja del todo con lo afirmado por el Presidente, quien -sin dejar de lado su tendencia indígena - manifestó " al margen de que seamos indianistas, indigenistas, mestizos, criollos, todos somos originarios. Unos son originarios milenarios, otros originarios contemporáneos, pero todos somos de esta Patria. Somos de esta nuestra querida Bolivia." Resulta grato identificar un tono de unión y conciliación en las palabras del Presidente Morales que va más allá de la formalidad y pulcritud que se podría esperar de un mensaje presidencial, dicha retórica suena muy distinta a sus palabras de inicio de gestión en las que se ocupaba de resaltar diferencias entre karas y originarios, dividiendo a un país con palabras confrontacionistas. Por esto, más que nada, este discurso es positivo y apunta en sentido contrario a la división, a la exclusión y cumple el rol que debe, siempre, cumplir el primer mandatario de la nación: unificar a las y los bolivianos. Pero en el fondo, ¿qué queda aun de aquella añorada bolivianidad? ¿qué queda de nosotros antes que los discursos políticos encendiesen la mecha de lo indígena y lo urbano por encima de lo nacional? Las diferencias siempre existieron, mínimamente entre cambas y collas, más profundamente entre ciudadanos de una u otra ciudad, y últimamente entre originarios y karas. Por ello es que quien funge de líder, de gobernante, tiene el deber de unir en vez de separar, debe de identificarnos a todos como bolivianos en vez de etiquetarnos. La indianización, es aún un concepto que alude a las diferencias, a la separación, a la exclusión. Si el discurso indígena, en su momento justificaba un resentimiento ancestral de los indígenas por maltrato, descuido, discriminación y un sin fin de factores; pecaríamos hoy si se tacha la nueva visión de Bolivia como una revancha, como un nuevo tiempo en el cual los dominados de ayer serán los tiranos de hoy. La mayoría de las y los bolivianos no consideramos al vecino más o menos boliviano por su condición de kara o de indígena, aquello lo determina su amor por Bolivia, su compromiso con su sociedad y su determinación por días mejores. No considero que sea relevante saber si existe o no una indianización, y ese no es el fondo de este artículo, lo relevante es, como en resumen dijo el presidente Morales: Bolivianos somos todos. Eso es algo que no debemos olvidar.