lunes, octubre 27

14 años en el poder

Victor Paz Estenssoro lideró el país, en cuatro periodos (dos inmediatos y dos en periodos separados), por un espacio de doce años y seis meses; Andrés de Santa Cruz lo hizo ininterrumpidamente por nueve años y nueve meses; con los resultados de la pasada elección el Presidente Morales gobernará – hasta el 2020 – un tiempo de catorce años seguidos en el manejo de la gestión pública del país. Si bien es cierto que se ha violado la constitución al realizarse una reelección que se ha legalizado a la fuerza (haciendo referencia a la Constitución de 2009), no es menos cierto que se está ante un hecho histórico y que representa la oportunidad para que el país tenga mejores días. En esta lógica la campaña electoral ha mostrado un país en franco desarrollo, “vamos bien” pregonaron en su momento las campañas que rodearon al MAS para sostener en alto la premisa de una reelección, así también las agencias de noticias internacionales apuntaron a mostrar una Bolivia que crecía y cuya lucha contra la pobreza o el analfabetismo la mostraba con ribetes de prosperidad; pero en estos nuevos cinco años de gestión, es preciso que el gobierno tome acción sobre ciertos elementos que le permitan consolidarse como un buen administrador. Así es que en la misma gestión pública es preciso luchar de mejor manera contra la corrupción, la que crece como hongos cuando se detenta mucho tiempo el poder, y a la cual debe combatirse con medios lógicos como la informática y no solo contentarnos con el control interno y externo, previo o posterior, de la administración pública. Así también es preciso manejar las soluciones con las agrupaciones sociales y sindicales sobre la base de decisiones técnicas, no en base a cálculos políticos que han hecho – por mencionar un ejemplo – que la producción de coca sea evidentemente excedentaria o que el contrabando sea un tema incontrolable, derivando, sobre todo el primero, en el crecimiento de la violencia en el país, tema de preocupación de varios y que pareciese perderse en las arenas del olvido. Asimismo, es preciso lograr la institucionalización de una engordada administración pública, copada de blanco, azul y negro pero carente – en muchos casos – de niveles operativos técnicos. En lo que a economía refiere no se debe descuidar la visión del entorno internacional, la necesidad, que pareciese hacerse necesaria, de inversión internacional en ciertas áreas en las que la industrialización se persigue, o revisar nuevamente las políticas cambiarias que hoy nos muestra una moneda fuerte pero que no deben olvidar los principios financieros mundiales. Es urgente promover, no solo soportar, la iniciativa privada. Es necesario que el gasto público se oriente y distribuya de mejor manera, ya no orientado a obtener votos, sino al desarrollo racional del país. Finalmente, es preciso que el MAS, o mejor dicho, el Evismo, pueda promover la pluralidad democrática, la que hace que funcione toda democracia, permitiendo y hasta alentando el pensamiento distinto, descentralizando el culto a la personalidad enfocado en el Presidente y sembrando una nueva democracia de la cual él mismo puede ser artífice.

lunes, octubre 6

La oposición, el gobierno y la democracia

En la democracia plural se valora la posibilidad de que el otro, el que disiente, el que piensa distinto, el que no está de acuerdo con lo que la mayoría plantea o el poder prefiere, pueda expresarse, ya sea de manera personal o grupal, abiertamente o de manera reservada, esté o no equivocado. En la medida en que uno pueda ejercer tal facultad, la democracia será más profunda. Pero ser opositor por ser opositor equivale a decir que odiemos algo solo por el simple hecho de odiarlo, en pocas palabras es ejercer tal derecho sin sustancia, sin razón lógica. Y de esto último sucede mucho en nuestro país, no solo con el actual gobierno sino con los anteriores a este, lo hicieron entre liberales ya antes en otras épocas y tiempos, y lo hicieron también en otras latitudes y sistemas de poder, el ser humano, cual perro del hortelano, pareciese disfrutar al contradecir por el simple hecho de que desea hacerlo. En las elecciones que se avecinan sucede también lo propio, los planteamientos de unos y de otros versan en planteamientos que no resultan relevantes a la hora de dar alternativas de solución a problemas que el gobierno actual no ha podido resolver, tal el caso de la seguridad o la estabilidad económica del día a día de la población, y para sustentar aún más la propia contradicción de un antagonista, los opositores no han tenido la capacidad de aunar su propuesta en una sola plataforma que les permita la unificación del voto, lo que provocará, desde ya, la dispersión del mismo, siendo el directo beneficiado aquel ante quien pretenden oponerse. Pierden así los electores, cuyo voto muere rápido, y por ende se desvanece la democracia. A su turno el gobierno, con presidente en ejercicio incluido, tiene todas las ventajas posibles y tal preeminencia despierta incluso dudas sobre la transparencia o magnitud de un eventual triunfo, sus propuestas se repiten, aún son populistas y enfocadas en el centrismo indígena. Tiene poder sí, pareciese que va a triunfar, sin embargo es evidente que le preocupa la dimensión en la que lo logre. A su vez la reiterada reelección y la unidireccional visión de los últimos años siguen desangrando a la democracia que, en esencia y por concepto, no permite el dominio del poder en las mismas manos por mucho tiempo. Como consecuencia también pierde la democracia. Y siempre fue y será así en tanto los políticos y el pueblo al que se deben, no crezcan en conocimiento, en interés y maduren como sociedad; por ello es cierto afirmar que en Bolivia, abunda una profunda inmadurez política, la que se vive tanto en oficialistas como en opositores. Pero aquí estamos, próximos a unas elecciones con claro ganador, con los unos votando cual ovejas sin considerar mayor razón, y los otros dispersados por sus propios intereses sin una propuesta consistente. Por todo esto, como decía Henri-Frédéric Amiel “No niego los derechos de la democracia; pero no me hago ilusiones respecto al uso que se hará de esos derechos mientras escasee la sabiduría y abunde el orgullo”.