lunes, mayo 25

La política, el político y el lobo

La política, dentro sus definiciones históricas, es entendida como el “ejercicio del poder”, y así también es ilustrado su objeto de estudio y así lo ven teóricos como Max Weber, Raymond Aron, George Vedel y Maurice Duverger. Y si bien sus enfoques van desde la dicotomía de amigo-enemigo planteada por Carl Schmitt, hasta el consenso refrendado por Bodin (analizado por Gramsci en una comparación con Maquiavelo) como elemento central, sus efectos – bajo dicha visión - en nuestro país se notan a través de sus instituciones y sus autoridades. Ese politizado y endémico manejo administrativo, subsiste por décadas plagado de una serie de problemas y entuertos nocivos, esta ciénaga perniciosa es el caldo de cultivo ideal que permite aflorar la corrupción que como hongos absorbe toda buena voluntad y enloda toda capacidad técnica. Detrás de este panorama se encuentra entonces la política como arma de manejo del poder. Pero esto no significa que en sí misma la política sea una invención diabólica, más al contrario su nacimiento ha tenido mucho que ver con tratar de satisfacer la necesidad común y lograr el beneficio colectivo. ¿Dónde radica, entonces, la falla? Y la respuesta es sencilla y directa, y se establece en la persona, en el político, en el zoon politikon de Aristóteles, en el sujeto humano inteligente y consciente de sus acciones que está detrás de toda gestión. Individuo que puede ser muy capaz, o no, pero que, en nuestro país, accede al puesto por el fervor político; y ahí radica el mal del asunto. Y, como decía Thomas Hobbes, en su obra El Leviatán (realizando una adaptación de la locución creada por Plauto en su obra Asinaria), “Homo homini lupus” o, en castellano regular: el hombre es lobo del hombre. Y así vivimos, gobernados por personas que, transformados por la política mal entendida, se transfiguran en lobos y logran, a través de gestiones viciadas sostener una administración cargada de burocracia y carente de capacidad técnica. Y el lobo pasa de la soledad de su oficina a tener su “manada” de confianza, y, ya en grupo, nacen las roscas, los grupos de poder y por ende los beneficios particulares en desmedro del beneficio común y, así, tan simple, la idea de una gestión pública que beneficie al ciudadano y sea transparente muere en la intención de algunos que tratan de hacer lo que pueden pero que son, finalmente, asfixiados por las largas redes de un sistema putrefacto y defendido desde las altas esferas. Y ejemplos existen muchos, y van desde las pretendidas intenciones de ser reelecto indefinidamente hasta los reclamos de sectores sociales que amparados en que son movimientos sociales se creen capaces de todo. Y así las “manadas” pueden ser grupos de poder que velan por su beneficios únicamente, sean estos ejecutivos de la administración pública, personal de base, autoridades estudiantiles o docentes, juntas de vecinos, parientes y hasta miembros de las entidades más reconocidas. El egoísmo del beneficio propio mueve los hilos de una sociedad acostumbrada a ello. Este panorama sucede en el mundo entero, pero se lo ve en menor medida en naciones de mayor educación, pues si el sujeto es idóneo, si el zoon politikon es capaz, la política también llegará a buen puerto y por ende la concepción de ésta dejará de ser solo una lucha de poder sino que se transformará incluso en una visión moral, que llegue a ocuparse no del poder en sí y por sí mismo, sino de la atención de las necesidades del colectivo social y en beneficio del bienestar común.

lunes, mayo 11

Y después del MAS… ¿Qué?

Ser habitante de Bolivia nos recuerda que no sólo somos un Estado Multiétnico y Pluricultural, sino que también poseemos complejidades que nos llevan a ser objeto de múltiples radicalismos y extremos que derivan en bloqueos, marchas y una serie de irrespetos entre y contra los propios ciudadanos. Recordamos también que si bien somos trabajadores, no somos conocidos por virtudes tales como la tolerancia o el diálogo, y que en el país, primero bloqueamos y preguntamos después, pese a quien le pese. Por ello, ser presidente de nuestro país resulta, y es, una fatigosa tarea, la que se viene llevando adelante desde siempre con numerosos entuertos que han demostrado, en más de una ocasión, que somos un pueblo difícil de gobernar. Pero no es una culpa propia, no es un mal deseo o anhelo de hacer mal, es simplemente un resultado de la falta de educación, de control y de la “viveza criolla” que impera en numerosos rincones de nuestro país. Y con estas taras sociales, debe lidiar quien desee ser presidente de Bolivia. Si recordamos en el tiempo, antes de la llegada del MAS al poder, la democracia era una serie de pasanaku entre los partidos con mayor peso político, en su momento el ADN, el MNR y el MIR lo ejercieron. Los tres disputando el poder y distribuyendo los espacios del mismo entre sus alianzas, las que comúnmente derivaban en luchas y en una gestión compleja, hasta corrupta y en declive democrático. Luego de esto, ante el cansancio de un sistema tan complejo, llegó la presencia de un candidato reciclado de las luchas sindicales, y el mismo pueblo que se fastidió con la repartija de poder de aquellos a quienes propagandísticamente se denominó partidos tradicionales, decidió votar en masa por el rostro nuevo y por el slogan exitoso del “cambio”. Y el MAS ganó, tuvo que inventar candidatos en zonas en las que había triunfado y no pensaba hacerlo, y asumió el poder y empezó un proceso de transformación nacional con altas y bajas pero cambio al fin. Se impuso una visión distinta, extrema en ciertos elementos pero también correcta en otros, y como la mayoría de las cosas que hace la humanidad ha tenido su tiempo y su espacio. Ahora pareciese que esa fuerza mengua, disminuye la influencia del partido vigente y surge la inevitable pregunta, y después del MAS… ¿qué? Evo Morales ha demostrado ser el MAS, sus candidatos en gobernaciones y otras instancias de administración pública han tropezado con el problema de que ellos no son el Presidente. Pero con esto solamente, hasta ahora, alcanzamos a ratificar que la política boliviana es caudillista, como lo fue ADN apoyada en Banzer y luego mutilada por Jorge Quiroga quien pasó de ser el heredero natural de dicho partido a ser el artífice de un nuevo proyecto, también le pasó al MNR con Sánchez de Lozada que, con o sin el peso económico que se le atribuía a Goni, tenía en ese personaje su principal actor y, finalmente, le pasó al MIR, con Paz Zamora, quien era el rostro del gallo y su máximo exponente. Y por si dudásemos del peso personal del caudillo político en Bolivia, también podríamos referir a Condepa y al compadre Palenque, o la UCS y a Max Fernández. Y así con cierta regularidad pero en menor proporción afloran en el país liderazgos menores que cual hongos surgen, pero no sostienen una proyección nacional. ¿Qué sucederá entonces en el MAS? El heredero natural en este caso tendría que ser el vicepresidente García, quien tiene incluso mejor formación que el mismo Presidente, pero cuyo límite es que no es lo que Evo Morales representa. Si él no asume o, si no obtiene la votación requerida, ¿qué será del MAS? Y si no hay más MAS, valga la cacofonía, ¿quién ingresará en su lugar? En las tierras bajas pareciese aflorar un movimiento liderado por Rubén Costas que ahora se proyecta a Cochabamba, en las tierras altas pierde peso e influencia lo que una vez fue un engrandecido Movimiento Sin Miedo. Pero a más de esto, no existe alguien de la proyección nacional que se requiere, y los partidos o agrupaciones ciudadanas pareciesen no estar sembrando líderes, y la población está cansada de la política pues sea de los tradicionales o del cambio no deja de ser una política que deja corrupción y problemas, y lo bueno y lo correcto, lo ético y lo sano, pareciese estar en franco declive. //////(La imagen empleada fue descargada del siguiente enlace web y corresponde a dicho sitio su autoría, se agradece, desde ya, permitir su libre acceso http://www.eldia.com.bo/index.php?cat=150&pla=3&id_articulo=136125)