viernes, noviembre 27

Copenhague


Del siete al 18 de diciembre en la ciudad de Copenhague (Dinamarca) se llevará adelante una cumbre de líderes mundiales con miras a reemplazar con un nuevo tratado el protocolo de Kioto del año 1997 (cuyo alcance vence en 2012). Se estima contar con la presencia de más de 60 presidentes y primeros ministros de estado, aspecto que valúa este encuentro mundial, son 192 delegaciones de igual número de países que asistirán al encuentro, sin embargo aún no confirmaron su presencia los líderes de Estados Unidos, China e India, considerados algunos de los países que mayor contaminación expelen al mundo.
Cada día el tema del medio ambiente y su cuidado gana fuerza moral en la mente de las y los ciudadanos del globo, pero a la vez que esto sucede también es cada vez más complejo lograr acuerdos reales que sean efectivos en esta materia. Como ejemplo podemos mencionar que las rondas preliminares de negociación (Barcelona) no llegaron a acuerdos certeros, anunciándose incluso que se requeriría de un año aproximado de negociaciones para tener realmente resultados. En pocas palabras a todos preocupa el medio ambiente pero nadie está dispuesto a sacrificar nada a cambio.
En nuestro país ocurre cosa similar, el glaciar Chacaltaya (5.300 mts de altura en Los Andes con una edad de 18.000 años de antigüedad) ha acelerado su desaparición del anunciado 2015 inicialmente advertido a un 2009 en el que prácticamente solo quedan unos pocos hielos en el lugar. El mismo Banco Mundial advierte que en los próximos 20 años gran parte de los Andes Tropicales desaparecerán, amenazando el suministro de agua de 80 millones de personas que dependen de esto, incluso del suministro de energía eléctrica que es producido para Bolivia, Ecuador y Perú a través de sistemas hidroeléctricos que son dependientes de las fluentes que nacen de estos glaciares.
Similar situación se vive en distintas partes del mundo e incluso en las ciudades del país, en el caso concreto de Cochabamba nuestro medio ambiente es contaminado a diario por empresas privadas que desechan sus residuos en el Río Rocha (llegar al aeropuerto con el sentido olfativo intacto es una odisea), amén de lo que hacen los propios vecinos de diversas zonas tirando la basura en este mismo emblemático río, ni qué decir de los incendios que nos arrebatan el Parque Tunari cada vez (quizás buen momento para sugerir la compra de un helicóptero bombero) y como estos muchos ejemplos que van desde los padres que tiran su basura en las calles hasta aquellos que por necesidad sacan la basura de los contenedores y la dejan igual tirada a los lados de los mismos.
En todos los casos son problemas medioambientales, y tanto usted como yo somos responsables de poner nuestra cuota parte para que, al menos, se sostenga cada vez más en alto que los temas medioambientales son importantes. Nos resta esperar que las y los líderes que se reúnan en Copenhague asuman sus niveles de responsabilidad no solamente de manera moral y para las cámaras sino que den cifras, financiamiento y acceso a tecnología que representen mejoras cuali y cuantitativas en un tema tan relevante.

jueves, noviembre 19

Corrupción y nuestra realidad


La Real Académica Española hace referencia a corrupción como la acción o efecto de corromper, que a su turno bien se interpreta como alterar y trastocar la forma de algo, echar a perder, depravar, dañar, pudrir, sobornar a alguien con dádivas o de otra manera, viciar e incluso oler mal.
A lo largo de la semana que termina amanecimos un buen día con una noticia que, en el fondo, todos sabíamos: “Bolivia está en el grupo de los más corruptos” rezaba el titular de Los Tiempos y se basaba en los datos que Transparencia Internacional había presentado recientemente en Berlín en un informe llamado Índice de la Percepción de la Corrupción 2009. En este informe descendíamos 18 puestos, desde el 102 que habíamos ocupado – ya tristemente – el pasado 2008 hasta el puesto 120 – más triste aún -.
Este Índice se realiza considerando una serie de encuestas (con una escala de 1 á 10), en tanto mayor sea la transparencia (entendida también como lo contrario a la corrupción) un país tiene un índice menor. En pocas palabras el país menos corrupto tiene mayor nota y el más corrupto tiene notas bajas. Se trabajó sobre 180 países del mundo. En el caso de América Latina se aplicó a 31 países de los cuales solamente 5 tuvieron una puntuación superior a 5 (es decir en la mitad positiva de los datos), los otros 21 países tuvieron puntuaciones que indican que la corrupción es un problema demasiado serio como para olvidarlo.
Más allá de estos índices y sus significados, la corrupción para el ciudadano de a pié es fácilmente identificable cuando sabemos que ante un policía de tránsito (“varita”) podemos “negociar” un monto a cambio de que éste se haga al de la ”vista gorda”, que la policía nacional en identificaciones es un martirio, un maltrato a la ciudadanía, que si no se acude a un “tramitador” (por darle un nombre decente) se debe de estar en fila desde la madrugada para que se pueda atender el trámite de tan vital documento de identificación. A ese “charle”, a ese “timbre de aceleración” es lo que llamamos corrupción, por eso es que cuando debe efectuar trámites ante instancias públicas bien sabe que se encuentra sujeto a manoseos, mal trato, propuestas corruptas y mal servicio.
Con esta realidad, vivida por la mayoría de las y los bolivianos del país, no es de extrañar que la percepción de corrupción en nuestro país esté por los pisos con un miserable 2,7 de puntuación, muy por debajo de otros países como Chile (6,7) o Uruguay (6,7) y por supuesto ni imaginar lo lejos que estamos de Nueva Zelanda (9,4) o Dinamarca (9,3).
De corrupción tenemos bastante, pero solo nos queda acudir a lo dicho por Joan Baez (cantante estadounidense) “si no peleas para acabar con la corrupción y la pobredumbre, acabarás formando parte de ella”.

miércoles, noviembre 11

¿Guerra?


El llamado a estar preparados para un enfrentamiento con tintes bélicos emitido por el vicepresidente de la República, Álvaro García Linera, respalda lo dicho días antes por el mandatario venezolano, Hugo Chávez, en sentido de un potencial enfrentamiento con Colombia a raíz del acuerdo entre Estados Unidos y ese país respecto a siete bases militares con intervención norteamericana que se contemplan. Esta verba grosera, altanera y a la vez ridícula es una muestra más del carácter belicista del creciente neopopulismo latinoamericano y que de manera sintomática se viene consolidando en Bolivia. Los países de la región mal pueden ser considerados belicosos independientemente de los conflictos existentes, pero aún en función de las normas de carácter internacional que hacen de la guerra algo inaceptable.
Las declaraciones efectuadas por un líder, sea cual sea su color, ideología, nacionalidad, tendencia religiosa o económica no justifican el llamado a una guerra, esto bien debiera saberlo el Vicepresidente, pero al parecer vive aún en otra época, una época de Guerra Fría enfocada únicamente en el armamentismo y que dejó de lado – entre otras cosas - el desarrollo humano.
A su turno la retórica de guerra propuesta por el Presidente Chávez condice mucho con su forma de gobernar, caracterizada por sus continuos ataques a la prensa, su represión directa al que piense en contra de su razón de estado y por sus dádivas y alianzas con países como el nuestro y en contra del “imperio” del norte.
Sin embargo Chávez retrocede en sus declaraciones ahora que el Senado brasilero postergara su votación sobre el ingreso de Venezuela al MERCOSUR, y a la vez se desdice alegando que no toca los tambores de guerra y que el sentido de sus declaraciones debió entenderse bajo la lógica de un llamado a la defensa. Seguramente que sus partidarios, cual ovejas ciegas y mal arriadas, le creerán, sin embargo aquellos que por lo menos tengan dos dedos de frente bien pueden afirmar que esta es otra bravuconada de un presidente neopopulista y agresivo para con sus vecinos. Esta lógica de confrontación no debe, en ningún caso, ser adoptada por Bolivia, por lo que los comentarios del Vicepresidente deben de ser censurados en todos los escenarios posibles para terminar, de una vez por todas, con los discursos enfocados en el odio y la violencia como factor político.
En suma y tal cual sucedió en pasadas ocasiones, la frase que mejor se adapta a los comentarios del Presidente Chávez y el Vicepresidente García, sigue siendo: ¿Porqué no te callas?

Calidad de vida


El Instituto Legatum publicó un documento denominado Índice de Prosperidad 2008, analizando a 104 países del mundo, incluida Bolivia. Dicho informe define a la prosperidad como a la combinación de riqueza material y satisfacción de vida. Entre los indicadores que se pueden identificar en este estudio podemos mencionar: estabilidad económica, innovación, instituciones democráticas, educación, salud, seguridad, gobernabilidad, libertad personal y capital social. Australia, Austria y Finlandia lideran el ranking, seguidos por Alemania, Suiza y Dinamarca.
Entre las virtudes de estas naciones destacan el buen nivel educativo y de salud de los austriacos, el impulso a la riqueza y al bienestar de las autoridades superiores de Finlandia así como su libertad de elegir su mejor destino, la competitividad económica Alemana y la satisfacción de los suizos. En el caso boliviano no existe nada que destacar, nuestro mejor resultado es un tímido 65 en instituciones democráticas, cosa extraña en un país que aprobó su constitución política en el Parlamento Nacional precisamente cercada por movimientos afines al partido de gobierno, ajenos a la Asamblea constituyente que supuestamente debía de haber efectuado tal tarea, en un país donde el Poder Judicial fue descabezado por órdenes del MAS y cuyo Presidente sufre – cual si de un ejemplo de amedrentamiento se tratase – una seguidilla de juicios, donde el candidato a la Vicepresidencia de un frente político se encuentra preso en una celda paceña lejos de la jurisdicción y competencia que en derecho le asistiría y sin un proceso claro, en un país donde se ha limitado al principal candidato opositor de efectuar campaña electoral fuera pues fue arraigado por orden judicial y finalmente un país donde el Poder Ejecutivo valora más a las piedras andinas que a los títulos académicos.
Para ser más duros podríamos compara los datos entre Bolivia y Australia en una escala de uno a cien y tendríamos que en lo económico nos estancamos en un puntaje de 30 en relación a más de 80 de los Australianos, en poco más de 60 puntos bolivianos en instituciones democráticas frente a un 95 del país de los canguros, en el ámbito educativo nosotros tenemos 57 y ellos 91, en libertades personales tenemos 63 frente a un casi perfecto 99 de los Australianos. En América Latina somos casi los peores (puesto 73 de la lista) solamente superando a Venezuela (74).
Este índice contempló más de 40 años de datos, cosa que le da un tinte muy interesante, además contó con expertos en historia, sociología, economía, desarrollo y ciencia política. A decir de William Imboden, Vicepresidente de Legatum Institute: “La verdadera prosperidad consiste en algo más que dinero. También incluye la felicidad, la salud y la libertad. El índice de prosperidad muestra que, además del éxito económico, la prosperidad de una sociedad se basa en familias y comunidades sólidas, libertad política y religiosa, educación y oportunidad, y un entorno saludable”.
Para promover la prosperidad en un país se debe de reconocer que no solo es responsabilidad de un gobierno, es algo de todos y para ello debemos de aportar en un 100% de nuestras capacidades. Esperemos que los candidatos consideren esta información y puedan incluirla en sus debates (si es que los hay) y sus propuestas políticas.