lunes, diciembre 16

Del transporte, la inflación y otros demonios

La semana que concluye se caracterizó por una galopante inestabilidad en lo que refiere a las actividades que cotidianamente se realizan en Cochabamba. El transporte público, imbuido por un largo andar en su solicitud de reajuste de tarifas, cuyo estudio nunca llega a buen término y que requiere –por lo general– de manifestaciones y bloqueos para lograr promesas o algún breve resultado, ha ejecutado un paro indefinido que finalmente afectó varios días a miles de ciudadanos que tuvieron que ingeniárselas como pudieron para llegar a destino. Posiblemente el argumento ideal para reactivar dichas protestas fue el doble aguinaldo, medida que desde ya ha provocado un proceso inflacionario, en una escalada de precios que ya en el segundo semestre del año ha superado las estimaciones gubernamentales y que aún tendrá sus incrementos. El pedido de incremento del autotransporte, puede ser justo, es más, es hasta lógica ya que todo ha subido y ellos son tanto consumidores como nosotros. El problema radica en que un incremento del pasaje es prácticamente un incremento de todo, debido al rol fundamental de este sector en las actividades regulares de la ciudadanía. Por lo general, como ciudadanos comunes, nos quedamos con el problema visible, con el conflicto inmediato, en este caso el paro del transporte público, pero no vemos más allá, nos olvidamos de que en el país se vive un proceso inflacionario sobre el cual nadie dice nada. Evidentemente, el incremento en el costo de vida es una realidad, desde el pan de batalla hasta la ropa más fina, todo ha subido de precio. Aún a pesar de los intentos del Gobierno de frenar la inflación el proceso está sujeto a los vaivenes de la economía y no a los buenos deseos o las políticas de quienes conducen el país. Resulta por ende prudente considerar qué sucede en el país y dónde terminaremos en un futuro próximo. Aspectos como reglas claras y justas para la empresa privada son fundamentales para la creación de empleo, en nuestro país ser emprendedor es un imposible, hacer empresa es arriesgar el capital propio y asumir los golpes que cotidianamente se reciben de la inestabilidad y las políticas económicas nacionales que poco apoyan a la iniciativa privada. En el caso del doble aguinaldo (para un sector que se estima productivo), a decir del Gobierno es precisamente éste el que tiene altos niveles productivos, olvidando que son las grandes empresas y el sector financiero el que aporta a estos indicadores, dejando de lado al pequeño empresario, y excluyendo de dicho beneficio a un grupo humano enorme que presta servicios en estas empresas sin contratos firmados, sin una relación laboral respaldada por papeles y más amarrados a su propia necesidad que a un trabajo estable. Es muy posible que existirá dinero, mayor liquidez para asumir incrementos posibles de precios que, precisamente en esta época, acogen las mejores ofertas y expectativas de utilidad. Pero en suma los resultados de la inflación son negativos, malos a la hora de hablar de economía o productividad real. Otro factor fundamental es la visión que, como ciudadanos, tenemos usted y yo. Bolivia es un país acostumbrado a vivir de la subvención, a sobrevivir, pero no a desarrollarse por sí mismo. Pasamos periodos de bonanza económica por indicadores que reflejan el alza de las materias primas que exportamos en un mercado internacional convulso pero favorable aún a ciertos aspectos macro económicos de nuestro país. En resumen, estamos bien en términos macro pero no lo sentimos en términos micro, es decir, su bolsillo no lo siente y por ende no existe un desarrollo mayor. Ante esta realidad la exigencia del autotransporte resulta una realidad, ellos también comen y quieren comprar las cosas que han subido de precio, pero sabemos que un incremento en el pasaje es un incremento en todo y ello desata un problema social complejo. Resulta imposible encontrar soluciones inmediatas, al menos no en tanto las políticas de gobierno no consideren otros aspectos y asuman medidas económicas no electoralistas, y más bien realicen actividades serias y responsables.

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