lunes, diciembre 8

Lo cortés no quita lo valiente

La sociedad, como conjunto que aglutina a los miembros de un Estado, está regida por normas de distinto tipo; por un lado se encuentran las de trato social y las reglas de urbanidad; y por supuesto, por otro lado, están las leyes, cuya principal característica es la coerción. Las personas que conforman un estado, sea este cual fuere, están obligadas al cumplimiento de la norma positiva, es decir que bajo la figura escrita, aquella que por sus características tiene el imperativo de obligatoria, un sujeto social debe regir su accionar en base a la ley. Sin embargo, respecto a las reglas de urbanidad y las de trato social, no existe carácter obligatorio que las demande y por ende su sanción es social, sea esta de repudio o aprobación. La semana que concluye hemos sido testigos de un claro ejemplo, la electa diputada, Norma Piérola, ha negado el saludo al Presidente y al Vicepresidente del Estado Plurinacional, aspecto incurso dentro las reglas de trato social, no punible, por ende no sujeto de demanda alguna. Sin embargo, a juicio propio, bien puedo afirmar que no es correcto lo hecho por la diputada, ya que las diferencias ideológicas y políticas, no debieran ser objeto de falta de educación. Dice mucho de una persona su forma de actuar, siendo una realidad, que vale más una persona educada y cordial que una mal educada, por muy sincera que está pueda ser. Los cimientos del pacto social, aquel que Rousseau emplea para explicar el nacimiento de la comunidad, se apoyaban en la tolerancia, en poder entender al otro, aún cuando éste no piense como uno. Este, es también, un principio, del pensamiento democrático. ¿Qué sería, le pregunto a usted querido lector, si el respeto no fuese la base de toda conciencia humana? ¿Qué sociedad podría existir si no somos capaces de encontrar el punto de equilibro entre aquello que nos separa y lo que nos une? ¿No vivimos, acaso, bajo esa lógica en nuestro diario vivir, sea este con el vecino, el amigo, e incluso la familia? Por ello es que un tema tan sencillo en su forma, merece un comentario al respecto. Porque se trata de promover algo que debe ser principio de propios y extraños, de oficialistas y opositores y, de usted, y yo. El camino que todo gobierno, y toda oposición, debe seguir para obtener una gestión positiva, es el diálogo, y todo diálogo parte de la educación. Por ello, es que es importante apuntar al camino adecuado, al que deben regirse gobernados y gobernantes, sin distinción: el diálogo. Como dice el título de este artículo, lo cortés no quita lo valiente.

lunes, noviembre 24

¿Somos un país de izquierda?

Mi estimado lector, si yo le preguntase ¿sobreviven aún las ideologías en tiempos en que lo pragmático se ha impuesto? ¿cuál sería su respuesta? Quizás valdría la pena primero definir que en momentos en que ya las discusiones de otras épocas, aquellas centradas en lo profundo del conocimiento, aquellas cuyo valor se centraba en el honor y la razón; han pasado a un segundo plano, y la conversación actual se ha centrado ahora en pretender dar solución a las apremiantes necesidades de una población que no espera discurso y que anhela soluciones. Como segundo argumento, y quizás la respuesta más fácil, y en mucho la más certera dentro las posibilidades de la realidad, está que la ideología no da de comer; así es que experiencias como la cubana han demostrado que el orgullo ideológico no es necesariamente el mejor camino, así como el capitalismo de países en teoría muy desarrollados también han fallado en lograr que las sociedades sean mejores. A la par ¿no es acaso una constante en nuestra región el afirmar una tendencia ideológica en el discurso y hacer algo distinto en la praxis? Y ejemplos existen varios; pasando por el socialismo chileno y su afinidad a los tratados de libre comercio y a las alianzas pro comerciales como la Alianza del Pacífico; así también la Nicaragua de Ortega tiene excelentes relaciones con los Estados Unidos y grupos financieros privados, aún a pesar de la retórica encendida que en algún momento mostró su primer mandatario; de igual modo Ecuador, con Rafael Correa incluido, pelea por capitales de inversión en su sector energético cual cualquier otra nación de tendencia derechista; asimismo el socialismo uruguayo ha sido siempre moderado, con buenas relaciones con el empresario privado, aquel que la doctrina tacha como dueño de los medios de producción y enemigo de la clase obrera; la izquierda brasilera no es la excepción, la privatización de otras gestiones sigue viento en popa y las élites cariocas no han sido tocadas por la autoridad gubernamental; en la misma línea, el gobierno heredado por Castro en la famosa isla cubana muestra romances con ideas de derecha, dejando de lado el “patria o muerte” y promoviendo fulgurantes luces de desestatización y sembrando pequeñas dosis de iniciativa privada. Así nosotros, como país, como Estado Plurinacional ¿somos socialistas? Estamos gobernados por un partido político cuya sigla así lo declara, con una retórica encendida en su inicio, muy cercana a la agresividad, tal cual la tuvo en su momento el difunto presidente Hugo Chávez (Venezuela), pero que en la práctica se ha moderado hasta casi estabilizarse en una semejanza similar a la práctica del también ex mandatario Lula Da Silva (Brasil); y en los hechos los medios de producción siguen en manos de los particulares, desde el gran empresario hasta el vecino que comercia en la esquina; que el Estado ha crecido , es cierto, que es más eficiente, eso ya podríamos discutirlo según la entidad pública de la que se trate; pero que seamos socialistas, no lo somos, y espero, sin ofender a nadie, que no lo seamos. Porque sencillamente las ideologías de extremo han demostrado que no son el camino a seguir, ni la derecha ni la izquierda, por lo que será mejor apuntar a un camino medio, a un equilibrio y a una postura racional antes que pasional.

lunes, noviembre 10

¿Por qué sentirse orgulloso de ser boliviano?

Mientras proyectaba mi columna habitual, deambulando en mis juicios entre componer una u otra idea, recibí un correo electrónico de un lector que me preguntaba: ¿por qué sentirse orgulloso de ser boliviano? pregunta que, aducía él, le carcomía el cerebro y que era una pretendida respuesta para sus hijos a quienes deseaba comentarles algo conveniente y afable sobre su país. En mi humilde opinión, si se habla de tu país y se suma a ello la visión que pueden tener las futuras generaciones, es un tema que amerita atención; más aún si la simpleza de la pregunta planteada toca algo tan cotidiano y tan necesario como el orgullo nacional. Por ello mi estimado lector, hoy hablaremos de tu país, de nuestro país, hablaremos de usted y de nosotros. Partamos por no enceguecernos y admitir que falencias las tenemos, así como las tienen también ciudadanos de otras latitudes; y es que el ser bolivianos puede tener una serie de bemoles, los más de estos causados por las propias inconductas que tenemos, las que, a manera de resumen, pueden pasar desde nuestra indisciplina en el tráfico cotidiano hasta la excesiva politización. Pero también tenemos muchas cosas buenas, excelentes diría yo, temas que son propios y que no los encontraremos ni en los países desarrollados, mencionemos algunos de estos ejemplos: nuestra esencia es alegre, festejamos el todo y el nada, nos abrazamos en un entierro y así también en un cumpleaños, somos efusivos con el compañero y podemos abrazarle como si no le hubiésemos visto en años; radica en cada uno deseos sinceros y hasta excesivamente amables, tratamos al visitante como si fuese un viejo conocido o un amigo de antaño, en resumen nos constituimos en buenos anfitriones; disfrutamos de las mejores comidas, sino del mundo, quizás sí de la región; nuestra vida resulta barata y nuestros intereses bien pueden satisfacerse con la calidad de nuestros bellos climas; disfrutamos de paisajes maravillosos que nos muestran los nevados más gélidos, los valles más hermosos y los exuberantes llanos; nuestra música es fantástica y maravillosa, así soñamos con una quena o recordamos con una guitarra y vivimos con un baile; tenemos un folclore fabuloso, una mezcla de diablos, morenas, caporales, tinkus y tobas que saltando cruzan los cielos y festejan con los alegóricos carros decorados de vivos colores; y es que Bolivia es maravillosa, fantástica, es una sucursal del cielo en la tierra. Y todos estos son temas ajenos a la economía, a la política, a los procesos de industrialización que ahora se van desarrollando y apuntan a mejores días; a las inversiones que día a día nacen de los emprendimientos de ciudadanos, que como usted o como yo, aman a su país; a la gestión que se pretende alcanzar a fin de superar las dificultades que podamos tener. Final y esencialmente, el boliviano es bueno, de corazón tranquilo y de espíritu noble, trabajador infatigable, siempre dispuesto a regalar una sonrisa a quien la necesite e incluso aún cuando no se la pidan. Por ello me animo a afirmar que los bolivianos somos felices, porque vivimos en una bella tierra, matizada de vivos colores y deliciosas comidas, somos más fuertes que la política y la economía, y preferimos sonreír cuando los problemas vienen; por esto y mucho más es que podemos decirles a nuestros hijos que pueden estar orgullosos de lo que somos y de donde vivimos.

lunes, octubre 27

14 años en el poder

Victor Paz Estenssoro lideró el país, en cuatro periodos (dos inmediatos y dos en periodos separados), por un espacio de doce años y seis meses; Andrés de Santa Cruz lo hizo ininterrumpidamente por nueve años y nueve meses; con los resultados de la pasada elección el Presidente Morales gobernará – hasta el 2020 – un tiempo de catorce años seguidos en el manejo de la gestión pública del país. Si bien es cierto que se ha violado la constitución al realizarse una reelección que se ha legalizado a la fuerza (haciendo referencia a la Constitución de 2009), no es menos cierto que se está ante un hecho histórico y que representa la oportunidad para que el país tenga mejores días. En esta lógica la campaña electoral ha mostrado un país en franco desarrollo, “vamos bien” pregonaron en su momento las campañas que rodearon al MAS para sostener en alto la premisa de una reelección, así también las agencias de noticias internacionales apuntaron a mostrar una Bolivia que crecía y cuya lucha contra la pobreza o el analfabetismo la mostraba con ribetes de prosperidad; pero en estos nuevos cinco años de gestión, es preciso que el gobierno tome acción sobre ciertos elementos que le permitan consolidarse como un buen administrador. Así es que en la misma gestión pública es preciso luchar de mejor manera contra la corrupción, la que crece como hongos cuando se detenta mucho tiempo el poder, y a la cual debe combatirse con medios lógicos como la informática y no solo contentarnos con el control interno y externo, previo o posterior, de la administración pública. Así también es preciso manejar las soluciones con las agrupaciones sociales y sindicales sobre la base de decisiones técnicas, no en base a cálculos políticos que han hecho – por mencionar un ejemplo – que la producción de coca sea evidentemente excedentaria o que el contrabando sea un tema incontrolable, derivando, sobre todo el primero, en el crecimiento de la violencia en el país, tema de preocupación de varios y que pareciese perderse en las arenas del olvido. Asimismo, es preciso lograr la institucionalización de una engordada administración pública, copada de blanco, azul y negro pero carente – en muchos casos – de niveles operativos técnicos. En lo que a economía refiere no se debe descuidar la visión del entorno internacional, la necesidad, que pareciese hacerse necesaria, de inversión internacional en ciertas áreas en las que la industrialización se persigue, o revisar nuevamente las políticas cambiarias que hoy nos muestra una moneda fuerte pero que no deben olvidar los principios financieros mundiales. Es urgente promover, no solo soportar, la iniciativa privada. Es necesario que el gasto público se oriente y distribuya de mejor manera, ya no orientado a obtener votos, sino al desarrollo racional del país. Finalmente, es preciso que el MAS, o mejor dicho, el Evismo, pueda promover la pluralidad democrática, la que hace que funcione toda democracia, permitiendo y hasta alentando el pensamiento distinto, descentralizando el culto a la personalidad enfocado en el Presidente y sembrando una nueva democracia de la cual él mismo puede ser artífice.

lunes, octubre 6

La oposición, el gobierno y la democracia

En la democracia plural se valora la posibilidad de que el otro, el que disiente, el que piensa distinto, el que no está de acuerdo con lo que la mayoría plantea o el poder prefiere, pueda expresarse, ya sea de manera personal o grupal, abiertamente o de manera reservada, esté o no equivocado. En la medida en que uno pueda ejercer tal facultad, la democracia será más profunda. Pero ser opositor por ser opositor equivale a decir que odiemos algo solo por el simple hecho de odiarlo, en pocas palabras es ejercer tal derecho sin sustancia, sin razón lógica. Y de esto último sucede mucho en nuestro país, no solo con el actual gobierno sino con los anteriores a este, lo hicieron entre liberales ya antes en otras épocas y tiempos, y lo hicieron también en otras latitudes y sistemas de poder, el ser humano, cual perro del hortelano, pareciese disfrutar al contradecir por el simple hecho de que desea hacerlo. En las elecciones que se avecinan sucede también lo propio, los planteamientos de unos y de otros versan en planteamientos que no resultan relevantes a la hora de dar alternativas de solución a problemas que el gobierno actual no ha podido resolver, tal el caso de la seguridad o la estabilidad económica del día a día de la población, y para sustentar aún más la propia contradicción de un antagonista, los opositores no han tenido la capacidad de aunar su propuesta en una sola plataforma que les permita la unificación del voto, lo que provocará, desde ya, la dispersión del mismo, siendo el directo beneficiado aquel ante quien pretenden oponerse. Pierden así los electores, cuyo voto muere rápido, y por ende se desvanece la democracia. A su turno el gobierno, con presidente en ejercicio incluido, tiene todas las ventajas posibles y tal preeminencia despierta incluso dudas sobre la transparencia o magnitud de un eventual triunfo, sus propuestas se repiten, aún son populistas y enfocadas en el centrismo indígena. Tiene poder sí, pareciese que va a triunfar, sin embargo es evidente que le preocupa la dimensión en la que lo logre. A su vez la reiterada reelección y la unidireccional visión de los últimos años siguen desangrando a la democracia que, en esencia y por concepto, no permite el dominio del poder en las mismas manos por mucho tiempo. Como consecuencia también pierde la democracia. Y siempre fue y será así en tanto los políticos y el pueblo al que se deben, no crezcan en conocimiento, en interés y maduren como sociedad; por ello es cierto afirmar que en Bolivia, abunda una profunda inmadurez política, la que se vive tanto en oficialistas como en opositores. Pero aquí estamos, próximos a unas elecciones con claro ganador, con los unos votando cual ovejas sin considerar mayor razón, y los otros dispersados por sus propios intereses sin una propuesta consistente. Por todo esto, como decía Henri-Frédéric Amiel “No niego los derechos de la democracia; pero no me hago ilusiones respecto al uso que se hará de esos derechos mientras escasee la sabiduría y abunde el orgullo”.

lunes, agosto 11

Educación vs Política

"Tenemos embajadores que representan a diversos sectores, unos vienen desde la empresa privada, otros vienen desde los movimientos sociales, movimientos campesinos, hay de todos los sectores. Los embajadores tienen que tener un compromiso con el país, tienen que tener experiencia, tienen que tener algunas cualidades", aseveró el Canciller Choquehuanca al ser consultado sobre la reciente designación del hijo de un acaudalado empresario como embajador, y para darle más argumentos a quienes criticamos las designaciones no académicas arguyó además, que no es un requisito seguir carrera diplomática alguna y que basta con “…tener compromiso con Bolivia y trabajar para Bolivia". En nuestro país no es sorpresa la designación de embajadores sin formación diplomática, lo han consumado todos los partidos tradicionales y ahora también lo hace el Movimiento al Socialismo. Pero equivoca el camino el señor Canciller, bibliófobo declarado, al afirmar que basta solo con el compromiso y deseo de trabajar por la patria, ya que la formación académica es esencial, prioritaria y hasta debiera ser insalvable. Afirmar lo contrario es el equivalente a decir que todas y todos los niños de Bolivia estudian en vano. Sin embargo de la importancia que recibe la educación en los libros y las leyes y aún a pesar de que las y los políticos afirman reiteradamente que la educación es la solución a todos los males, lo contrario se muestra en diferentes instancias públicas e incluso privadas, donde ejerce cargo el menos formado bajo fundamento de ser militante o afín al líder de turno, y en el caso de los particulares muchas veces es designada autoridad la persona que es familiar o amigo del propietario, en ambos casos por encima de cualquier mérito académico. ¿O no conoce usted estimado lector alguien (en entidad pública o empresa privada) que no merece estar en un cargo determinado? Alguien que está ahí por política o parentesco y no por real capacidad, pero que al final de cuentas está y ejerce tal autoridad. Reza la Constitución Política del Estado que es fin y función esencial del estado “garantizar el acceso de las personas a la educación” (Art.9 Inc. 5), así también proclama “toda persona tiene derecho a recibir educación en todos los niveles de manera universal, productiva, gratuita, integral e intercultural, sin discriminación” (Art. 17), así también más adelante declara “la educación constituye una función suprema y primera responsabilidad financiera del Estado, que tiene la obligación indeclinable de sostenerla, garantizarla y gestionarla” (Art. 77) y así, varios otros artículos enaltecen la formación académica en el país. ¿Pero qué sucede cuando la política se enfrenta a la educación? Tristemente quien debe perder, siempre, es la enseñanza, porque trae más réditos contratar o dar pega al político por muy incapaz que este pueda ser. Y así es, en la diplomacia, en la empresa privada y en la institución pública. Por ello cuando surgen comentarios como el del Canciller, duele escuchar la realidad, pero ello no impide criticarla.

lunes, julio 28

Del pueblo, por el pueblo y para el pueblo

Dentro de las definiciones que otorga el diccionario de la Real Academia Española ante la búsqueda de la palabra política, se identifica una que se ajusta a la visión clásica de esta labor, siendo la misma: “arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados”, postura que comúnmente se ve en torno a los discursos de las y los candidatos en cualquier parte del mundo y que precisamente, en época electoral, resurge bajo la óptica de los múltiples análisis y críticas sobre nuestra realidad. Corresponde, por ello, también hablar, en pleno año electoral, del momento supremo del sistema político nacional, aquel que se basa en el sistema democrático, en el que las y los ciudadanos de un estado legitiman a sus representantes y que hace posible el concepto de representatividad en un gobierno que, se supondría, se debe a sus ciudadanos y ciudadanas; me refiero al acto electoral y al peso del voto de cada ciudadano. Cada gestión surgen preguntas respecto al nivel de confianza que puede tener un ciudadano en el sistema democrático y cada vez nos cuesta más creer lo afirmado por Abraham Lincoln en el famoso discurso de Gettysburg (19 de noviembre de 1863) en sentido de que “la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, ya que nuestra democracia aún presenta defectos provocados por nosotros mismos, por nuestra falta de educación y por nuestra indisciplina que derivan en desorden y en la ausencia de paz. Las mejores democracias son las que corresponden a los países que cuentan con ciudadanos educados, respetuosos y amantes de la ley y el orden, y esa base les permite vivir con progreso y desarrollo. En el caso nuestro un triste panorama se cierne sobre quienes vemos a diario que la política es más importante que el conocimiento técnico (se lo ve a diario desde décadas antes que en el actual gobierno prime lo sindical por sobre lo académico), cuando apreciamos que las necesidades básicas aún no están satisfechas y que pareciera no existir un orden lógico en la gestión de varias autoridades (seguro nos enorgullece tener un satélite pero también nos avergüenza que muchos sectores poblacionales no tengan agua), cuando vemos que la administración pública ha crecido para mal (mala atención al usuario, maltrato y prepotencia, interminables filas y, por si fuera poco, malos resultados) y finalmente cuando afanosamente buscamos que nuestros hijos e hijas se sientan orgullosos de su país y debemos estrellamos contra la dura realidad de que pareciera que todo va mal. Pero como suele pasar, la democracia sigue su camino, permitiendo la participación política de actores que no tienen formación en el área, de personas que pueden ser buenas pero cuya capacidad operativa bien podría ponerse en duda, e incluso, para colmo de males de aquellos cuya base moral no debiera permitirles optar por un cargo público. Pero las tiendas políticas, del oficialismo y la oposición, parecieran vivir mejor repitiendo la fórmula. No esperemos cambios si seguimos haciendo lo mismo. En las elecciones de este año dudo que se presenten novedades, sólo cambiaran los actores del proceso democrático de una democracia que no termina de entenderse por culpa de todos nosotros, de nuestros vicios y falencias, de nuestras taras y avivadas, y parece que tenía razón Gaspar Melchor de Jovellanos (escritor, jurista y político español): “Los pueblos tienen el gobierno que se merecen”.

lunes, junio 30

El Reino del Revés

Se dice que en el Reino del Revés nada el pájaro y vuela el pez, mención bien referida a la popular canción creada por la argentina María Elena Walsh, que cercana a la realidad es alusión directa a ciertos elementos que se presentan en nuestro país. Desde la gestión municipal, en la que tristemente hemos ido en retroceso y ahora debemos correr tras los coches basureros como era en la época de nuestros padres, hasta el ridículamente célebre reloj que en la Plaza Murillo marca la hora al revés, son incoherencias en las que cada día debemos vivir. Tras la mentada justificación del original reloj existente en La Paz, se puede deducir que con ello se pretendió dar un mensaje de soberanía ideológica que solamente el gobierno y el masista acérrimo llegó a comprender, y es que la ideología a veces no tiene mucho de racional, y así aún cuando el Gobierno quisiera cambiar el sistema métrico por un sistema más regional y anti colonial, el tema no cambiará en el resto de un mundo que sabe bien que un metro es un metro y un centímetro es un centímetro, que un reloj marque la hora en sentido contrario no lo hace un símbolo de la izquierda, por el simple sentido de que la hora no es imperialista. Cuando en 1884 se hizo la elección del meridiano de origen como el del Observatorio Real de Greenwich, cerca a Londres en Inglaterra, nadie pensó si era un tema ideológico, porque incluso años después y en plena Guerra Fría (1945-1985) la hora la tendrían los capitalistas y los comunistas por igual, una hora en Moscú iba a durar los mismos 60 minutos también en Washington. Nadie imaginó que en nuestro maravilloso país, 130 años después iba a surgir la originalidad de que el tiempo sea interpretado al revés, como parte de una visión ideológica y no técnica científica. Quizás porque una de las falencias más relevantes de nuestro Gobierno es su falta de visión técnico académica. Debiera ocuparse de temas más relevantes el Gobierno, en un país donde el aparato estatal cada vez crece más y la burocracia campea, donde la empresa privada sufre para subsistir y no tiene incentivos mayores para la generación de empleo, donde la inseguridad (muchos afirman movida por el narcotráfico) campea, donde el boliviano promedio no vive sino sobrevive y donde incluso la clase media en su grandes segmentos ve que su poder adquisitivo es cada vez menor. De nada sirve tener una Cumbre de varios países, que sirvió para que el Presidente haga temprana propaganda pero que en los hechos no tuvo la relevancia que se anunciaba y cuyos resultados son los mismos que otras cumbres: simplemente papeles y nada más. Y parte de este reino son sus cortesanos que acostumbrados a vivir al revés, aceptamos diligentemente los bloqueos y paros, el mal transporte público, la falta de higiene de nuestros con ciudadanos, los excesos del Gobierno, la impuntualidad de todos, la indisciplina en todo campo, la corrupción que se respira en cada esquina y una serie de aspectos propios de este país que a veces pareciese funcionar al revés. Mientras las visiones nuestras no cambien, no tenemos porque cantar la última parte de la canción del Reino del Revés, que indica: “Vamos a ver cómo es el Reino del Revés”, porque simplemente ya vivimos ahí.

lunes, junio 16

Lo que Cochabamba fue

Aún se respira, en aquellos que así lo quieran recordar, la nostalgia que emana cuando uno recuerda la época en que Cochabamba era líder en desarrollo humano en el país, cuando las inauguraciones de pasos a desnivel, iluminación en el Cristo de la Concordia, el teleférico o una masiva cantidad de parques y áreas verdes cuidadas y bien mantenidas, engalanaban los aniversarios y mejoraban nuestra ciudad. Hoy, años después de iniciado el difundido proceso de cambio vemos que de aquello solo queda el recuerdo, hoy en día nos alegra que La Paz o Santa Cruz inauguren - cada uno a su turno - obras de mejora y calidad en sus ciudades, mientras que en varias otras urbes del país las obras son mínimas, sin impacto, regulares o mal ejecutadas y en muchos casos hasta polémicas. Me referiré, por lógica y cercanía, al caso de Cochabamba, otrora ciudad pujante y hoy en franco declive, enlodado en un horizonte que no pareciera serle aún favorable. Si partimos por el ámbito de la inversión privada, se ha vislumbrado ya desde tiempo atrás que las empresas particulares han optado por instalar sus oficinas y capitales en el oriente del país, en la creciente Santa Cruz, habiendo dejado en nuestra ciudad pequeñas representaciones en muchos casos sin capacidad de decisión y mucho menos con presupuestos significativos. Se deduce por lógica que ya no somos un mercado interesante, que la inversión privada en su mayoría se destina a La Paz o Santa Cruz y que Cochabamba se viene convirtiendo, por decirlo amablemente, en una ciudad sin relevancia. En el plano de la inversión pública, si bien tras un inicio muy enfocado en nuestra ciudad, el actual gobierno hoy busca coquetear con el oriente del país, lugar con alta votación y que estuvo por buen tiempo ajeno a los intereses del gobierno por ser una región típicamente opositora, hoy se busca reconciliar tal apoyo con más y mejores inversiones, muestra de ello es que ahora se desarrolla el G77 en dicha ciudad y un cúmulo de bellas obras son muestra del cariño repentino del gobierno actual por la región cruceña. Así también se anuncian importantes inversiones en La Paz, que ya con teleférico incluido, mira las proyecciones de las anunciadas nuevas estructuras públicas que enriquecerán aún más la urbe del Illimani. A Cochabamba, la ven para organizar reuniones de afines al partido de gobierno en plazas y lugares públicos pero nada más. Si así está Cochabamba, imagine usted lector ¿cómo estarán las otras urbes del país? Y si bien el progreso es responsabilidad de todos, lo es más de aquellas autoridades electas en las regiones menos desarrolladas a quienes se deben trasladar las responsabilidades por la falta de crecimiento que vivimos, por los presupuestos no ejecutados y la mala gestiónpública. Y mientras seguimos conduciendo por las calles repletas de baches, navegando en un sinfín de problemas de toda índole que van desde la inseguridad hasta la economía, con muy pocas inversiones, con un futuro incierto y con las mismas autoridades y ausencia de líderes transparentes que destaquen, podemos aún soñar con una Bolivia posible, con una patria digna y mejores días para nuestros hijos.

lunes, junio 2

¡Carajo no me puedo morir!

Primero partamos por dejar claro que la palabra “carajo” por sí misma no nace realmente como un insulto, y que su origen remonta a aquella expresión en la que se hace referencia a la parte de un barco, para ser más específicos la denominada Vela mayor, que era el lugar donde más se sentía el movimiento del barco y por ende uno se mareaba con mayor facilidad, y que recibía precisamente esta denominación. A raíz de esto es que surge la expresión “¡vete al carajo!” dirigida como un castigo al marinero que era regañado o sancionado. La connotación ya en calidad de interjección de enfado o sorpresa, ha ganado numerosos adeptos a raíz de la propaganda que, inicialmente vía la televisión, ha llegado a la población y en la cual el candidato Samuel Doria Medina refiere “Carajo no me puedo morir”, luego de ello y gracias al nuevo rey de las comunicaciones, el Internet, se ha viralizado y son infinitas las imágenes en las que se hace referencia a dicha expresión. El “Carajo no me puedo morir” refleja en mucho, el grito de esperanza ante la desgracia o problema inminente, desde las más simples interpretaciones hasta las más complejas situaciones, dicho grito resulta un reflejo de lo que muchos podríamos sentir en un país en el que cada cierto tiempo uno siente que ya no se puede vivir, pero en el cual, y a pesar de las complejidades que tenemos, amamos seguir. Y así lo pensamos, porque carajo no podemos darnos el gusto de morirnos cuando existen aún deudas que pagar, cuando el costo de vida ha subido y la calidad de la misma sigue igual o quizás peor, cuando falta el trabajo, cuando sobra la pobreza y el hambre, e incluso cuando nos damos cuenta que cada uno de los ciudadanos de este país somos co-responsables de lo que sucede, ya sea por no cuidar, ensuciar o simplemente no interesarnos en el país, sus calles o sus jardines. Por no respetar las leyes, por ser incapaces de dialogar, por no poder atender las necesidades y demandas de una población que por sí misma es bipolar, por ser muy poco racionales y dejarnos llevar por la pasión de bloquear, golpear o maltratar. Así somos culpables todos por un sinfín de conflictos en los que a diario nadamos y hasta los vemos como algo “normal”. Por eso es que la expresión estos días difundida, es no solo popular, sino adecuada para reflejar una realidad en la que cotidianamente debemos pensarla o mínimamente sentirla. Y es que Bolivia requiere de un cambio paso a paso, ordenado y equilibrado, sin radicalismos ni ideologías extremas, necesitamos una estabilidad que – por el momento – pareciera difícil de obtener. Dicho cambio debe contemplar transformar nuestra forma de ver las cosas, dejar de ser mezquinos y pensar en un futuro posible para nuestros hijos, un mañana de estabilidad y crecimiento. No un futuro en el cual todos deban estar con la certeza de saber que no se pueden morir en paz porque aún existe mucho por resolver. No ingreso en el análisis sobre si le será o no favorable al candidato Doria Medina lo popularización de dicha frase ya que prefiero quedarme en la directa reflexión, en el paso inicial de todo proceso de cambio, el que no se da en las leyes, el que debe nacer de uno mismo.

lunes, mayo 5

Todos somos macacos

Hablar sobre discriminación en un país como el nuestro nos lleva a numerosas interpretaciones. Si tomamos lo establecido y definido por discriminación en la ley contra el racismo y toda forma de discriminación, encontramos el texto siguiente: “Se define como discriminación a toda forma de distinción, exclusión, restricción o preferencia fundada en razón de sexo, color, edad, orientación sexual e identidad de géneros, origen, cultura, nacionalidad, ciudadanía, idioma, credo religioso, ideología, filiación política o filosófica, estado civil, condición económica, social o de salud, profesión, ocupación u oficio, grado de instrucción, capacidades diferentes y/o discapacidad física, intelectual o sensorial, estado de embarazo, procedencia, apariencia física, vestimenta, apellido u otras que tengan por objetivo o resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de derechos humanos y libertades fundamentales reconocidos por la Constitución Política del Estado y el derecho internacional”. Todo ello en función al criterio negativo de la discriminación y que da lugar a este artículo. En días pasados el jugador del Barcelona, Dani Alves, fue objeto de un acto discriminatorio en función a su raza cuando al momento de ejecutar un tiro de esquina en el partido contra el Villarreal, le lanzaron una banana. Él la recogió, incluso la comió y ejecutó el lanzamiento. Tal acto, descrito por él como algo “natural e intuitivo”, dio lugar al nacimiento de una campaña liderada por su compañero de equipo Neymar en la que, comiendo un banano, afirmaba que “todos somos macacos”. La campaña dio lugar a que otras personalidades se sumen al movimiento y se ha visto ya al Kun Agüero, David Luiz, Roberto Carlos, Hulk (todos futbolistas), Larissa Riquelme (modelo), Dilma Rousseff (presidenta de Brasil), Xuxa (conductora de televisión) e incluso una conocida ministra nuestra que se sumaron al mensaje. Al responsable de la ofensa ya lo identificaron y su propio club le retiró de por vida el acceso a su principal escenario deportivo, sin perjuicio esto de las acciones legales posibles. Si esto sucediera en nuestro país, muchos hinchas estarían fuera de los campos deportivos ya que es normal y hasta común que los denominados radicales o ultras de los equipos suelten la lengua con cualquier adjetivo ante la menor falla de su equipo o el mejor desempeño del rival. Bien se sabe que las hinchadas son bipolares, que si el equipo gana ya es “casi campeón” y si pierde “ya está por descender”, pero esta actitud pasional tan propia de un deporte tan hermoso como es el fútbol no es una exclusividad que sólo se ve en los estadios, es un problema latente en la sociedad desde hace años atrás. Y esta discriminación, existente en el engrandecimiento excesivo de la imagen del blanco, del alto, del bello, va en desmedro de aquel que no cumple dichos estándares y es reflejo, no sólo de un nivel alto de complejos, que evidentemente existe en nuestro país (ante los extranjeros por ejemplo), sino de una educación muy débil, de una ignorancia galopante que nos limita a sólo lo visible, a valorar únicamente lo tangible y a seguir siendo un país inculto y por ende discriminador. Este tema, que quizá le suene obvio, es muy importante, relevante en extremo ya que incluso usted, estimado lector, podría ser una persona que discrimina y, peor, reproducir ello educando a sus hijos o afines. Por ello identifique usted mismo si es o no una persona discriminadora. La respuesta, sólo la sabe usted, la solución está en sus manos. ¿Es usted también un macaco?

domingo, abril 20

Gabo

Cuando tenía todo planeado para escribir respecto a otra temática, quizás más cercana a nuestra realidad, quizás más relevante en cuanto a impacto social y político, incluso con el artículo en cuestión ya a medio redactar y con los dedos aún calientes por el uso de un teclado que todo lo aguanta, sucedió algo que movió el mundo entero y que provocó un cambio de planes intempestivo, me enteré por las redes sociales (como suele últimamente sucederle a mucha gente), de la muerte del más prolífico autor literario de América Latina: Gabriel García Márquez. Inmediatamente sentí un temblor en la espalda y un frío sudor en la frente, un nudo se formó en mi garganta y quise llorar, tanto de pena por la notica como de lástima por quienes nos quedamos en este mundo sin la presencia de un genio de la talla de García Márquez, su muerte no hacía más que confirmar que los escritores son eternos, se nos había muerto Gabo, el famoso autor de Cien años de soledad, Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quien le escriba, La hojarasca, Los funerales de la mamá grande, Doce cuentos peregrinos, La mala hora, Relato de un náufrago, Ojos de perro azul, El otoño del patriarca, El amor en los tiempos del cólera, El general en su laberinto, Del amor y otros demonios y un sinfín de otras producciones. Su muerte no hacía más que elevarle en la gloria de aquellos que siempre estarán con nosotros, de aquella riqueza literaria que ahora se extraña en muchos libros muy populares. Vienen como luces y destellos mágicos bañados de un realismo mágico, la imagen del coronel Aureliano Buendía, asombrado de conocer el hielo o encerrado en su casa haciendo pescaditos de oro, siempre incapaz de expresar su amor y aislado en su casa, o la figura de Úrsula Iguarán, matriarca fundadora y pilar de Macondo, aquel maravilloso lugar de fantasía donde todo pasaba y donde ella misma moriría luego de un diluvio de “4 años, 11 meses y 2 días”. Igualmente viene a la mente con fuerza y pasión Florentino Ariza, hombre que espera 53 años, 7 meses y 11 días para estar con el amor de su vida: Fermina Daza, a quien le declara esto a poco de su viudez. Y podríamos ir así llenando páginas y páginas de personajes que nos deja Gabo, porque estos nunca morirán, porque renacerán en cada nuevo lector y harán que García Márquez sea inmortal. El nombre completo del colombiano más famoso del mundo es Gabriel José de la Concordia García Márquez. Nació en Aracataca, en su muy querida Colombia y murió hace pocos días en México. En vida recibió el Premio Nobel de Literatura en 1982, máximo exponente del realismo mágico y autor de la obra cumbre Cien años de soledad. Hablar de García Márquez es hablar de literatura. De aquella sublime expresión humana por la cual podemos vivir lo ajeno como propio, viajar a recónditos lugares por medio de las páginas de una novela y dejar este mundo al ser parte de fantásticos relatos que los autores nos regalan. Es tan relevante la obra de García Márquez que ningún homenaje sería suficiente, su calidad y riqueza narrativa, por sí misma, es suficiente para eclipsar a muchos otros autores y ha permitido que muchos vivan experiencias increíbles en sus novelas. Sirvan estas breves líneas como un homenaje a quien inspiró a muchos y a quien nunca olvidaremos. Paz en tu tumba, querido Gabo, vivirás con nosotros siempre.

lunes, marzo 24

Lo que nos deja Venezuela

Ya va mes y medio del inicio de las protestas en Venezuela, el descontento de gran parte de la población se ve manifestada a diario en las calles reclamando por un cambio que les permita mejores días, este pedido ha dejado hasta ahora 31 muertos, 461 heridos y 1854 detenidos a lo ancho y largo del país, existe además en el consciente colectivo que la justicia está politizada y que existe una persecución judicial dirigida desde instancias políticas favorables al gobierno de Nicolás Maduro, lo que deja una estela de interrogantes respecto a la independencia de las funciones públicas y lógicamente el respecto a los derecho humanos. El inicio de los reclamos va por parte del conglomerado social que se encuentra ya fastidiado por los elevados niveles de violencia, el desabastecimiento de alimentos básicos como el pan, la leche, el azúcar y la mantequilla, la inflación, la incertidumbre y los continuos apagones energéticos. Por un lado una gran parte del país protesta, empezaron los universitarios y luego se sumó la oposición y otros sectores, por otro lado los sectores afines al gobierno hace escuchar su voz de soporte a Maduro y ello deriva tal cuál sucedió al inicio del conflicto, en continuas disputas. Pero ¿qué nos deja de enseñanza toda esta historia - aún sin final - que viven hoy en día los hermanos venezolanos? Para responder debemos iniciar por lo básico: doctrinalmente hablando la sociedad ha requerido de la figura del estado para poder organizarse, para poder vivir en una sociedad que otorgue ciertas garantías y libertades limitadas por el respeto a los demás. Así dentro los elementos que componen al estado figuran, dentro la teoría clásica, a la población, el territorio y el poder, y modernamente se ha incluido a la soberanía. Si analizamos el poder, se ve que es un poder único, dividió en tres funciones públicas principales: la legislativa (encargada de dictar leyes), la jurisdiccional (responsable de la administración de justicia) y la administrativa (que es la que ejecuta las normas existentes). Cuando surge el pensamiento de Charles de Sécondat Barón de la Bréde y Montesquieu, mismo que se traduce en su libro El espíritu de las leyes (escrito en 1733 y publicado en 1748), y que hace referencia a la división y equilibrio de poderes, se busca responder contrariamente a toda concentración de poder en manos de una persona u órgano. Este balance es el que precisamente sostiene a una sociedad con niveles de justicia, pero el factor político y la ambición humana han derivado en que, en muchas ocasiones, quienes gobiernen deseen todo el poder para sí mismas, cosa que ha venido sucediendo en Venezuela y, porque no decirlo, tememos pueda suceder en Bolivia. Lo acontecido en Venezuela y sus resultados, es algo que debe servir de lección para todo gobernante, detentar el poder no debe ser un objetivo a perseguir, la sociedad no desea vivir con problemas derivados de ello, desea paz y armonía, si un gobierno no olvida que está ahí para servir y respetar a la ley, tendrá una buena gestión. Espero que aprendamos de lo que otros hacen, para que juntos, unidos y sin egoísmos, podamos fortalecer un presente y un mañana mejor para todos los habitantes de nuestro país.

lunes, marzo 10

‎Sobre Oruro y el carnaval en Bolivia

El carnaval se vive en muchas partes del mundo, en Bolivia en particular, tiene su epicentro en el mejor carnaval de la región que se desarrolla en Oruro. Es un carnaval ameno, bañado de fe y devoción hacia la Virgen del Socavón patrona de esa tierra y donde se unen las mejores fraternidades para brindar al espectador un espectáculo sin igual, pero no podemos ser ciegos a las carencias y falencias que, año tras año, persisten y si somos ciegos a lo que sucede nunca mejoraremos, si nunca hablamos de estos problemas recurrentes nunca podremos superar dichas falencias. He vivido el carnaval de Oruro desde que tengo memoria, y tristemente veo que muchas de las falencias que tenía, hoy se repiten. El carnaval ha crecido, la cantidad de gente que asiste es mucho mayor que años atrás, lo que ha incrementado también los inconvenientes. El carnaval es una suerte de resucitador para Oruro, la actividad económica se enciende a su más alto nivel, los precios de hospedaje y alojamiento se disparan y bien puede costar un hostal de mediana calidad más caro que un hotel cinco estrellas en Cochabamba, La Paz o Santa Cruz. Pero, extrañamente, y a pesar de la masiva actividad turística de esta época, en Oruro no existen varios hoteles de alta calidad, por ende tampoco existen restaurantes de primer nivel ni muy variados, los pocos que no están por el recorrido están repletos de gente e incluso las comidas típicas como el api orureño revientan de gente. No existiendo buen techo y buena comida, ya es una complejidad mayor ver la poca cantidad de oferta de buenos asientos que existe en el lugar, las graderías siguen siendo como eran hace varios años, maderas y metales, marcados para cuerpos delgados, muchas veces sin toldos y expuestos al sol, sin un acceso que permita subir desde abajo hasta las filas superiores. Dentro lo peor, el consumo de alcohol es excesivo, los borrachos (hombres y mujeres) caen encima de uno, duermen a la intemperie y hacen sus necesidades en el lugar que prefieren, nadie controla, todo vale. El piso es pegajoso y huele terrible, la basura se acumula en cada esquina y debajo las graderías. Pasada las seis de la tarde la policía desaparece y los ebrios invaden las rutas de baile, procurando fotos y queriendo tocar a las danzarinas. Los mismos bailarines empiezan a beber antes de bailar el día domingo de carnaval, en el recorrido sus propios camaradas promueven el consumo de licores de todo tipo y tristemente al final del camino pueden verse danzantes ebrios de colores y casi cayendo al piso en una euforia desmedida. Finalmente, lo que más notamos este año, lo que más dolió, la muerte de personas que por falta de medidas de seguridad puede repetirse, ¿dónde está el control?, ¿dónde está la educación y buen criterio de la gente? Nadie devolverá la vida a quienes murieron aplastados por la pasarela en la ruta del carnaval, ninguna investigación será suficiente. Y esto no solo sucede en el Carnaval de Oruro, ahí se nota más porque es la fiesta mayor de Bolivia, esto sucederá hoy en el Corso de Corsos en Cochabamba y en otras festividades a lo largo del año. Y es que el carnaval, si bien maravilloso, tiene mucho por mejorar, y es responsabilidad de todos, autoridades y asistentes poder aportar con nuestro granito de arena. Nuevas obras, rutas preparadas y diseñadas para el efecto, no improvisadas, butacas en vez de graderías a secas, mayor control en el consumo de alcohol y limpieza a cada instante, quizás serán un punto de partida para un mejor futuro en este tema, pero esta tarea, así como el dolor vivido este carnaval, es de todos, esperemos no olvidarlo en un par de semanas y no volver a caer en lo mismo en un año más.

lunes, febrero 24

El Estado Plurinacional y las desgracias

Hace ya tiempo atrás el Estado boliviano ha sido modificado en su denominación por Estado Plurinacional de Bolivia, una región en la que se ha incluido de manera correcta a las diversas individualidades que componen este espectro de personas que son las y los bolivianos. Si bien en su momento (y hoy también) llega a sonar exagerado el querer cambiar el nombre al país, la intención –tratando de ver desde la óptica de la inclusión– se supone positiva. Este cambio derivó en un sinfín de normativas nuevas, visiones instauradas o impuestas que se prendieron al país procurando arrasar con lo pasado, al que erróneamente se tachó automáticamente de malo o negativo bajo el rótulo de colonización y por ende dañino para lo originario, y que produjo muchas complejidades tanto políticas, como sociales y por supuesto económicas. Tras ese paso inicial el país ingresó, fruto de una bonanza económica que no era ni imaginada por Gobiernos anteriores, en una época en la que el Estado ostenta indicadores macro económicos destacables que lamentablemente no se reflejan en el bolsillo del ciudadano promedio, hemos ingresado en la era espacial con un satélite propio cuyos resultados aún no se ven y el Presidente del Estado ha inaugurado varios emprendimientos públicos en el campo de la producción que son promesas a futuro. Si no fuese por la realidad del paso a paso en el que un vecino se lamenta ante otro por el incremento de los precios y por la falta de solución a ciertas necesidades básicas, el Estado Plurinacional pareciese apuntar realmente a mejores días, pero suficiente fue que la naturaleza nos recuerde quien es realmente la dueña de este mundo y cobre su vigor y llueva sin medida en ciertas zonas del país, para dejar de lado los indicadores de desarrollo que otrora eran enarbolados como solución a todo mal. Y es que al que vio su casa inundada o perdió a un ser querido por un derrumbe, no le interesa mucho un satélite que le mejore el Internet, tampoco le es útil saber que el Presidente tiene nuevo avión o nuevo coche de seguridad, o que existen recursos públicos que se emplean en campañas políticas y no en ayudar. El que está afectado por una desgracia no resulta un buen analista del estado macro del país, sólo sufre y lo que quiere es aliviar su desgracia Aquí de nada sirve el Imperio, la oposición ni el oficialismo, lo que se pretende es ayudar. Entidades como Defensa Civil reciben anualmente cierta atención del Gobierno, pero la misma resulta escaza a la hora de medir las consecuencias a las que, año tras año, se enfrentan ciertos sectores poblacionales. Si tenemos tan buenos indicadores macro, ¿por qué la ayuda que podemos dar a nuestros propios hermanos es tan reducida? Nuestra capacidad de respuesta ante cualquier desastre, no sólo los climáticos, háblese de incendios, llámense deslizamientos, imagine una riada, una ruina de edificio, cualquiera de estos o todos juntos, es una capacidad reducida, nuestros bomberos no tienen los equipos ni la capacitación necesaria, nuestra Policía nacional lleva a sus efectivos en camionetas descubiertas y con recursos miserables que muchas veces no les alcanza ni para la gasolina, los salarios de todos estos son ínfimamente menores a los que ganan los “padres de la patria” que sentados en sus curules hacen política. Por esto, estimado lector, por esta realidad tan dura, el Estado Plurinacional no es tan distinto al Estado Republicano, porque las desgracias en uno o el otro siguen llevando sufrimiento y dolor sin que la situación mejore.

lunes, enero 27

La mejor campaña electoral

Hablando a nombre del Presidente del Estado, el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, afirmó que la mejor campaña electoral (para el Gobierno) es la gestión pública, razón por la cual pidió de manera categórica al gabinete ministerial una gestión eficiente y rápida, aspecto que a la postre debiera reflejarse en una aprobación simultánea en las urnas y la reelección del partido gobernante por una nueva gestión de gobierno. La gestión pública es, a decir de la académica Rosario Arratia, aquella actividad que ejerce el Estado de manera concreta, continua, práctica y espontánea supeditada a los poderes del Estado y que tiene por objeto satisfacer las necesidades e intereses colectivos y el logro de los fines del Estado dentro el orden jurídico establecido y con arreglo a éste. Su presencia en el Estado es masiva, y se muestra como una red que se maximiza en cada región alcanzando a las y los ciudadanos desde el momento mismo de su nacimiento hasta la finalización de sus días. La gestión que ésta tenga es de interés de todas y de todos los que habitamos en el país, y en la realidad pasa desde las largas filas que uno debe hacer para alcanzar un documento de identificación hasta la atención de las diversas instancias que dependen, en más o menos, de aquel poder soberano que hemos delegado en el Estado. Pero es preciso recordar que antes del MAS también existió gestión pública en Bolivia, procesos de mejora y descentralización que fueron impulsados por diversos mandatarios, incluido el expresidente Sánchez de Lozada, con políticas sociales como la participación popular y visiones que pretendieron un mejor país, un buen inicio será que el Gobierno pueda identificar que es fruto y no vértice de los sucesos históricos que se desarrollaron, que no sólo es emergencia de octubre de 2003 y que mucho antes la propia clase política desgastada por sus propios vicios le ayudaron a crecer como dirigente sindical en un Chapare muy distinto a su natal Orinoca, liderando las Federaciones del trópico desde un ya lejano 1996 y culminando en una histórica elección en 2005 ganando por un 54 por ciento de votos que le posicionó no sólo como el primer presidente indígena del país, sino que le dotó de una gobernabilidad que otros hubiesen envidiado y que hoy corona una situación macro económica singular que le resulta también favorable. Evidente es que una buena gestión debe ser respaldada, y nadie puede ni podrá, quitar los méritos que tenga la actual administración de gobierno, mas es también necesario que muchas cosas mejoren, que la pluralidad democrática sea una meta a retomar, permitiendo la discrepancia política e ideológica por parte de cualquier ciudadano de este vasto y maravilloso país. Que el propio partido de gobierno rompa un esquema imperante no sólo ahora, sino reinante desde siempre: la toma de cargos públicos por méritos políticos y no técnicos. Que se deje el morboso hábito de concentraciones masivas de amenaza y amedrentamiento propias de una democracia populista y se enfoque en un trabajo enfocado en la unificación de miles de bolivianos y bolivianas que anhelan un país, una nación y una bandera. Correcto es afirmar que la buena gestión es pilar de una buena campaña, pero correcto también es pretender que más allá del discurso extenso en un feriado impuesto políticamente, sea parte de una buena gestión estatal el respeto al que opina diferente, al que detenta una postura contraria y pueda, si así lo desea, fiscalizar, criticar, aportar o denunciar. Una buena gestión, señor Presidente, empieza por casa. El autor es abogado

lunes, enero 13

Nuevo año, mismos males

A poco de haber iniciado el 2014 y sentir que las suaves brisas que impulsan un nuevo navegar en el año que empieza ya se ven contaminadas por la basura que se acumuló en las calles de Cochabamba por el conflicto - ya tradicional - en K´ara – K´ara, no se puede sino sentir tristeza por la calamidades en las que vivimos. Porque evidentemente, aún a pesar de lo que quisiéramos creer, el cambio de año no es más que un tema cronológico reflejado en un cambio de digito, no cambian las personas, no cambian los problemas que tenemos, no cambian los males que resultan perennes en el trajinar cotidiano de miles de ciudadanos que viven bajo el mismo sol y con los mismos tropiezos que el ya extinto año. Pareciese que se vive una suerte de plan operativo anual (POA) de conflictos, al empezar el año será el tema de la basura, luego vendrán seguramente las universidades públicas que reclamarán una justa y consciente atención de un gobierno central que muchas veces peca de indiferente, luego los sectores clásicos en conflictos que pasarán por bloqueos de caminos, quizás los transportistas, quizás los vecinos, quizás cualquier sector afín o en contra del gobierno, la lista es interminable pues en nuestro país el que más o el que menos siente que tiene derecho a limitar el libre tránsito. Y vivimos en esa inseguridad, en ese pantanoso caldo de cultivo de enfrentamientos y convulsión social que solo se detiene cuando de farra se trata, ya sea un carnaval u otra festividad, es lo único que detiene el maremoto de conflictividad en el cual vivimos. Debe ser, y con certeza es de fácil demostración, difícil gobernar un país como el nuestro. Pero también, y es justo reconocerlo, es muy complejo vivir gobernados por una visión única de liderazgo, un partido que espera ser el único vigente y un dominio estatal que recuerda al totalitarismo, aunque en una democracia asimétrica. Y mientras el gobierno lanza los ya aburridos epítetos que tratan de satanizar un pasado que es, queramos o no, parte de nuestra historia y del cual (incluido el MAS) somos resultado, nos encontramos los “comunes”, los que vamos a la tienda a comprar el pan de cada mañana, a comentar el incremento de los pasajes, de la pensión escolar, de los sorteos del primer grado, del Dakar y del satélite Tupac Katari, y nos vamos luego con la misma sensación de que igual, con todo y propaganda, seguimos donde empezamos, con los centavos en el bolsillo y con la angustia en la garganta. Evidentemente muchas cosas han mejorado, entre estas podemos destacar que a raíz del proceso del 2006 existe mayor inclusión social, una economía a nivel macro que puede jactarse de cómoda y hasta increíble para quienes alguna vez manejaron el aparato estatal y nunca pudieron imaginar las favorables condiciones en que esto se mueve hoy por hoy. Ello es a ojos de muchos algo positivo, pero no dejan de lado tampoco la carencia de un respeto al pluralismo político que es un gran ausente también en este 2014. Nos resta tener fe, esperanza, pensar que como la flor de loto, podremos salir airosos del barro en el cual estamos inundados y mostraremos eventualmente nuestro lado más bello cargado de poesía y confianza en un futuro mejor, un mañana digno para cada ciudadano de esta hermosa tierra.