lunes, marzo 10

‎Sobre Oruro y el carnaval en Bolivia

El carnaval se vive en muchas partes del mundo, en Bolivia en particular, tiene su epicentro en el mejor carnaval de la región que se desarrolla en Oruro. Es un carnaval ameno, bañado de fe y devoción hacia la Virgen del Socavón patrona de esa tierra y donde se unen las mejores fraternidades para brindar al espectador un espectáculo sin igual, pero no podemos ser ciegos a las carencias y falencias que, año tras año, persisten y si somos ciegos a lo que sucede nunca mejoraremos, si nunca hablamos de estos problemas recurrentes nunca podremos superar dichas falencias. He vivido el carnaval de Oruro desde que tengo memoria, y tristemente veo que muchas de las falencias que tenía, hoy se repiten. El carnaval ha crecido, la cantidad de gente que asiste es mucho mayor que años atrás, lo que ha incrementado también los inconvenientes. El carnaval es una suerte de resucitador para Oruro, la actividad económica se enciende a su más alto nivel, los precios de hospedaje y alojamiento se disparan y bien puede costar un hostal de mediana calidad más caro que un hotel cinco estrellas en Cochabamba, La Paz o Santa Cruz. Pero, extrañamente, y a pesar de la masiva actividad turística de esta época, en Oruro no existen varios hoteles de alta calidad, por ende tampoco existen restaurantes de primer nivel ni muy variados, los pocos que no están por el recorrido están repletos de gente e incluso las comidas típicas como el api orureño revientan de gente. No existiendo buen techo y buena comida, ya es una complejidad mayor ver la poca cantidad de oferta de buenos asientos que existe en el lugar, las graderías siguen siendo como eran hace varios años, maderas y metales, marcados para cuerpos delgados, muchas veces sin toldos y expuestos al sol, sin un acceso que permita subir desde abajo hasta las filas superiores. Dentro lo peor, el consumo de alcohol es excesivo, los borrachos (hombres y mujeres) caen encima de uno, duermen a la intemperie y hacen sus necesidades en el lugar que prefieren, nadie controla, todo vale. El piso es pegajoso y huele terrible, la basura se acumula en cada esquina y debajo las graderías. Pasada las seis de la tarde la policía desaparece y los ebrios invaden las rutas de baile, procurando fotos y queriendo tocar a las danzarinas. Los mismos bailarines empiezan a beber antes de bailar el día domingo de carnaval, en el recorrido sus propios camaradas promueven el consumo de licores de todo tipo y tristemente al final del camino pueden verse danzantes ebrios de colores y casi cayendo al piso en una euforia desmedida. Finalmente, lo que más notamos este año, lo que más dolió, la muerte de personas que por falta de medidas de seguridad puede repetirse, ¿dónde está el control?, ¿dónde está la educación y buen criterio de la gente? Nadie devolverá la vida a quienes murieron aplastados por la pasarela en la ruta del carnaval, ninguna investigación será suficiente. Y esto no solo sucede en el Carnaval de Oruro, ahí se nota más porque es la fiesta mayor de Bolivia, esto sucederá hoy en el Corso de Corsos en Cochabamba y en otras festividades a lo largo del año. Y es que el carnaval, si bien maravilloso, tiene mucho por mejorar, y es responsabilidad de todos, autoridades y asistentes poder aportar con nuestro granito de arena. Nuevas obras, rutas preparadas y diseñadas para el efecto, no improvisadas, butacas en vez de graderías a secas, mayor control en el consumo de alcohol y limpieza a cada instante, quizás serán un punto de partida para un mejor futuro en este tema, pero esta tarea, así como el dolor vivido este carnaval, es de todos, esperemos no olvidarlo en un par de semanas y no volver a caer en lo mismo en un año más.

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