domingo, abril 20

Gabo

Cuando tenía todo planeado para escribir respecto a otra temática, quizás más cercana a nuestra realidad, quizás más relevante en cuanto a impacto social y político, incluso con el artículo en cuestión ya a medio redactar y con los dedos aún calientes por el uso de un teclado que todo lo aguanta, sucedió algo que movió el mundo entero y que provocó un cambio de planes intempestivo, me enteré por las redes sociales (como suele últimamente sucederle a mucha gente), de la muerte del más prolífico autor literario de América Latina: Gabriel García Márquez. Inmediatamente sentí un temblor en la espalda y un frío sudor en la frente, un nudo se formó en mi garganta y quise llorar, tanto de pena por la notica como de lástima por quienes nos quedamos en este mundo sin la presencia de un genio de la talla de García Márquez, su muerte no hacía más que confirmar que los escritores son eternos, se nos había muerto Gabo, el famoso autor de Cien años de soledad, Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quien le escriba, La hojarasca, Los funerales de la mamá grande, Doce cuentos peregrinos, La mala hora, Relato de un náufrago, Ojos de perro azul, El otoño del patriarca, El amor en los tiempos del cólera, El general en su laberinto, Del amor y otros demonios y un sinfín de otras producciones. Su muerte no hacía más que elevarle en la gloria de aquellos que siempre estarán con nosotros, de aquella riqueza literaria que ahora se extraña en muchos libros muy populares. Vienen como luces y destellos mágicos bañados de un realismo mágico, la imagen del coronel Aureliano Buendía, asombrado de conocer el hielo o encerrado en su casa haciendo pescaditos de oro, siempre incapaz de expresar su amor y aislado en su casa, o la figura de Úrsula Iguarán, matriarca fundadora y pilar de Macondo, aquel maravilloso lugar de fantasía donde todo pasaba y donde ella misma moriría luego de un diluvio de “4 años, 11 meses y 2 días”. Igualmente viene a la mente con fuerza y pasión Florentino Ariza, hombre que espera 53 años, 7 meses y 11 días para estar con el amor de su vida: Fermina Daza, a quien le declara esto a poco de su viudez. Y podríamos ir así llenando páginas y páginas de personajes que nos deja Gabo, porque estos nunca morirán, porque renacerán en cada nuevo lector y harán que García Márquez sea inmortal. El nombre completo del colombiano más famoso del mundo es Gabriel José de la Concordia García Márquez. Nació en Aracataca, en su muy querida Colombia y murió hace pocos días en México. En vida recibió el Premio Nobel de Literatura en 1982, máximo exponente del realismo mágico y autor de la obra cumbre Cien años de soledad. Hablar de García Márquez es hablar de literatura. De aquella sublime expresión humana por la cual podemos vivir lo ajeno como propio, viajar a recónditos lugares por medio de las páginas de una novela y dejar este mundo al ser parte de fantásticos relatos que los autores nos regalan. Es tan relevante la obra de García Márquez que ningún homenaje sería suficiente, su calidad y riqueza narrativa, por sí misma, es suficiente para eclipsar a muchos otros autores y ha permitido que muchos vivan experiencias increíbles en sus novelas. Sirvan estas breves líneas como un homenaje a quien inspiró a muchos y a quien nunca olvidaremos. Paz en tu tumba, querido Gabo, vivirás con nosotros siempre.

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