lunes, julio 24

Viviendo entre la porquería

Todos los años quedamos a la deriva, acostumbrados o quizá resignados, flotando amargados en el mismo mar de absurdos en que navega nuestro país, y pueden ser los problemas en La Coronilla para el Día de la Madre, la basura y el descuido en la festividad de Urkupiña, las aulas en mal estado al inicio de clases, o los calores que sólo sienten los directivos del servicio de educación cuando rechazan vehementemente prolongar las vacaciones de invierno, en resumen vivimos deambulando en un ciclo de incoherencias . Y son estas incongruencias las que constituyen las rocas monumentales de atraso que trancan nuestros senderos de desarrollo, pero no somos nosotros los caminantes que tropiezan con estos peñascos de la desgracia, somos, por el contrario, las piedras enormes que obstruyen el progreso; y es que somos tan parte activa de éste caldo de irracionalidades que no nos damos cuenta de que normalmente somos más problema que solución. Para darnos sólo una idea de esta hojarasca de desdichas mencionaré sólo un problema cotidiano en el que vegeta el hongo de lo insensato. Analicemos nuestro sistema de recolección de basura: esta diligencia implica la obligación de esperar al coche basurero para que podamos salir a entregar nuestras bolsas de mugre con todo el menudeo de restos que salen a diario de los hogares de cada uno de los habitantes de nuestra ciudad, de entrada muchos extrañamos los contenedores verdes que nos permitían dejar la basura en el momento en que uno elegía (pero amén de los pormenores de este avance que se fue al carajo, porque si bien parecía una idea genial, tarde nos dimos cuenta de que la gente necesitada escarbaba en los desechos para recordarnos que en la miseria siempre hay gente más pobre que uno, y para rematar el tema los usuarios igual tiraban en los contenedores la basura sin separar, y dejaban escombros y otros deshechos que hacían que el sistema sea insostenible), pero no es esto lo único, ya que para hacer el tema peor debemos tragarnos que ahora el coche basurero es una suerte de megáfono de reflexiones que repite una y otra vez que debemos clasificar la basura, aun cuando vemos que igual no más, a momento de dejar las bolsas, todo se mezcla en el contenedor de porquerías; y mejor ni menciono el problema de fondo de esto, que reside en el botadero donde terminan nuestros restos de asco, porque esto ya ameritaría un análisis mayor, será mejor – por el momento – quedarnos en nuestro balcón de comodidades en espera de que algún gurú de la higiene nos de la fórmula mágica para solucionar este conflicto tan básico. Pero no queda ahí, porque culpables somos todos, porque la mayoría de la población está acostumbrada a vivir en la inmundicia, y bien vemos emerger de un bus (o de un coche) la mano salvaje del imbécil de turno que tira el papel higiénico con el moco de la sinvergüenza, porque para el tarado ese le vale poco lo que sea la limpieza de su ciudad o que el transporte de todos esté mínimamente limpio. O vemos los pocos basureros en las esquinas repletos de porquería que a nadie parece interesarle. Porque así de absurdos nos hemos vuelto, pero así como esto suena muy mal, seguro es que está en nuestras manos cambiarlo, porque el primer responsable de una ciudad limpia es usted. (La imagen fue tomada de archivos públicos de Internet: Oscar de Plaza Sesamo viviendo en la basura)

lunes, julio 10

Bolivia necesita salir del clóset.

Quizás porque vivimos anclados a las ideas de siglos pasados, en los que la intolerancia era la regla y las mentes vivían cómodas en las sombras de los pasillos de su insatisfacción, es que hoy en día resulta muy difícil, para ciertos sectores de la población, aceptar que la moral evoluciona, que aquello que una vez consideramos malo hoy puede ser bueno, y viceversa. Así resulta claro afirmar que Bolivia aún vive encerrada en su propio clóset de miedo, sentada en posición fetal y negándose a aceptar que fuera de sus tabúes y preconceptos, el mundo cambia; y para peor de males prefiere vivir enceguecida por las sombras de sus propias prisiones religiosas y morales, provenientes únicamente del miedo a aceptar lo distinto, del temor a que su sociedad de siempre se transforme y llegue a ser más incluyente para los que han vivido siglos de ausencias. En la otra vereda, y precisamente por estos días, Madrid vivió el World Pride 2017 y nos dio a todos un nueva lección de comprensión, se convirtió en la capital de la tolerancia, en una ciudad que aceptó, con los brazos abiertos, a las comunidades de lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales, porque es una ciudad que hace mucho salió del closet. Yo le pregunto, querido lector: ¿nosotros estaremos en la condición de ser así de abiertos con aquellos a quienes aún vemos con los ojos del prejuicio y la discriminación? Es así que hoy bien puede tratarse de la tolerancia hacia los que tienen tendencias sexuales distintas, pero en el fondo, la discusión, se extiende a diferentes ámbitos en los cuales mostramos nuestra propia incapacidad de soportar las opiniones diferentes, ya sea darle a la mujer el rol que realmente merece o de cuestionarnos ciertas cosas que desde niños nos afirman y cuyas reglas aceptamos seguir como mansos borregos; la conclusión sigue siendo la misma: en esencia, seguimos reproduciendo los estereotipos que nos limitan y se ocupan más de lo que nos separa que de aquello que nos une. Este nivel de pobreza mental no nos deja avanzar en temáticas tan importantes como la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo o el derecho de la mujer a elegir si desea o no ser madre, y ni qué decir de discusiones más actuales como el vientre subrogado o el derecho a morir, temas que ni pasan por nuestra mente pues nos hemos estancado en discusiones de sótano y preferimos enredarnos en hojarascas de negación antes que abrir los ojos a un mundo distinto. Pero a pesar de ello, hoy en día las nuevas generaciones desean salir de un closet de exclusión y cargado de muros, anhelando en silencio cambiar las cosas, y si bien no encuentran en las viejas generaciones un eco que responda a sus anhelos, saben que ese crecimiento es un paso siguiente e inevitable, y ello permitirá tender puentes hacia todos los integrantes de la sociedad. Es así que nuestro bello país avanza lento y con tropiezos, buscando tímidamente salir del clóset para sacudirse y desempolvar de su lomo de elefante viejo los rancios valores morales que la atan al pasado. Como bien decía la famosa Isabel Vargas Lizano, más conocida en el mundo artístico como Chavela Vargas: “No se trata de que soy homosexual. Dejemos aparte eso. Piensa que el ser humano ama y nada más. No le preguntes a quién y por qué. Déjalo, esa es la belleza de las cosas”.

lunes, junio 26

Miénteme y di que no estoy loco

Parece que muchas veces amanece y despertamos mintiéndonos como locos, pues pretendemos, sin éxito, identificar el nivel de progreso en el cual nos encontramos, y nos atacan los datos del oficialismo y de la oposición, cargados cada uno con lo suyo, empapados hasta la médula de política y sin la suficiente fuerza técnica para responder la interrogante eterna que a veces parece dejarnos tan cerca del progreso y a veces tan lejos; por ello es importante fijarnos en lo que puede aportar la mirada de los otros, de aquellos que no coexisten en la melaza de lo cotidiano, de los que pueden imponer una visión profesional por encima de intereses particulares, y que en suma, pueden resultar un aporte interesante a la hora de observarnos descarnadamente en una mirada que excluya intereses particulares. En esa lógica resulta importante considerar el recientemente publicado Índice de Progreso Social, informe que mide la forma en la que los países llegan a cubrir las necesidades sociales y medioambientales de sus poblaciones, para ello emplea 54 indicadores que se reúnen a través de tres dimensiones consideradas importantes: necesidades humanas básicas, bienestar fundamental y oportunidades de progreso. La entidad responsable de estos datos es la organización sin ánimo de lucro Progreso Social Imperativo, con base en los Estados Unidos. En este trabajo se establecen niveles en los cuales se ubican países que nos resultan familiares, así, para referir algunos, tenemos: Países de Progreso Social Muy Alto (Dinamarca, Suiza, Canadá), Países de Progreso Social Alto (España, Estados Unidos, Chile —el mejor posicionado de nuestra región—), Países de Progreso Social Medio Alto (Brasil, Perú, México, y aquí ingresamos nosotros, pues Bolivia cierra precisamente este rango), Países de Progreso Social Medio Bajo (El Salvador, Nicaragua, China) y finalmente están los Países de Progreso Social Muy Bajo (Guinea, Angola, Afganistán). Estos datos nos permiten identificar los países con los que nos “codeamos” en cuestión de progreso social. Este informe resulta interesante ya que deja de lado la idea de que únicamente el desarrollo económico es la escalera para la satisfacción social, y nos habla de que existen aspectos, más allá de los indicadores financieros, para ver la satisfacción de las necesidades básicas de alimento, agua potable, vivienda y seguridad de las personas. De este modo se trata de ver que la gente pueda vivir vidas largas y saludables, de proteger el medio ambiente y de fomentar la educación, la libertad y las oportunidades. Bolivia está en el lugar número 69 de esta lista, siendo nuestros puntajes más altos el acceso a conocimientos básicos, la nutrición y cuidados médicos básicos, vivienda, salud y bienestar y el acceso a la información y comunicaciones; así también constituyen nuestros componentes más bajos el acceso a la educación superior, los derechos personales, la tolerancia y la inclusión, la calidad medioambiental y la libertad personal y de elección. Por supuesto que el reporte puede tener sus falencias, pero no deja de ser importante que podamos considerar la forma en la que nos ven los otros; así quizá, podríamos mentirnos, sí, pero al menos ya no estaríamos locos, y podríamos entonces ver el ocaso coincidiendo con la letra de una conocida canción de Miguel Bosé: “Miénteme y di que no estoy loco, miénteme y di que sólo un poco”.

lunes, mayo 29

Laberinto de miseria

Cada semana los columnistas de los distintos medios impresos del país, cual pescadores sin fortuna, vamos buscando insistentemente los temas que serán digeridos en los espacios que gentilmente nos ceden los distinguidos periódicos del país; muchas veces hacemos leña para nuestras hogueras tomando los periplos que tienen las autoridades gubernamentales o los representantes de la oposición, en muchas ocasiones dando una crítica constructiva, en muchas otras lanzando dardos envenenados por donde mejor se pueda, pero siempre con el afán de identificar, dentro del espíritu de esta noble labor, una autocrítica social que nos permita mejorar como sociedad. En las más de las ocasiones, buscamos en la noticia más importante, en aquella que fue relevante, o en la más urgente, el alimento para nuestra necesidad de escribir, y siempre se trata de identificar en ello una tarea relevante para la solución de problemas que a más de ser analizados y destripados sin piedad, permitan, bajo una lógica positiva, la identificación de propuestas o alternativas para las dificultades monumentales que hacen noticia en el país. Sin embargo, recientemente saqué la mirada de los titulares que hacen novedad y clavé los ojos en lo cotidiano, en lo regular, en la tarea del que no es autoridad, en el que no ejerce poder. Realizando esta labor identifiqué que existen muchas cosas, que no son noticia importante, que no reflejan el titular apremiante, pero que son igual de relevantes para mejorar como sociedad, y es que son las actividades cotidianas, las cosas del día a día, las actitudes comunes que tú, yo y nuestros vecinos cometemos, las que hacen daño a nuestro país. Así vemos; en el conductor que no respeta el paso de cebra, en el peatón que no cede el paso a la mujer embarazada, en el candidato que ensucia los postes de la ciudad, en el transportista que maneja irresponsablemente, en el que paga por la roseta de inspección, en el funcionario público que escapa de su oficina para asuntos particulares, en el político que no es honesto, en el que busca la reelección indefinida, en el que no respeta la fila, en el que engaña, en el que no estudia, en el que es grosero y, en fin, en el que reproduce los males endémicos de una sociedad que se consume a sí misma; al verdadero responsable del atraso del país. Le planteo un desafío querido lector, salga mañana de su casa y trate de hacer las cosas bien, no le pido nada extraordinario, sólo cumplir, de manera básica, su rol de buen ciudadano: no tire la basura en la calle, salude a los demás, sea respetuoso, maneje responsablemente, trabaje bien, haga lo que se supone debemos hacer siempre. Verá cómo esta diferencia hace de esta sociedad un lugar mejor. Porque pareciera que vivimos en un laberinto de miseria y nadie quisiese salir, porque somos buenos para quejarnos de todo y de nada, pero no estamos dispuestos a hacer lo básico para lograr una sociedad mejor.

miércoles, mayo 17

Plan de empleo urgente

Recientemente, el presidente Morales ha presentado una propuesta para fomentar el empleo en el país, ofrecimiento que suena quizás a la lógica reacción ante el panorama de desesperación que vive el desocupado, o incluso a la necesaria respuesta al triste y desolador escenario en el que deambulan muchas personas que se encuentran sin empleo. Sin embargo, debiéramos los bolivianos preguntarnos en qué medida esta amarga realidad es fruto de las propias acciones del Gobierno Nacional, y podríamos, con seguridad, afirmar que el Gobierno está tratando de tapar ahora con tierra el hueco que en su momento él mismo abrió. En los años recientes, contando con el beneficio de precios altos en las materias primas y un ingreso económico fuerte y sólido, el Gobierno se ha dedicado a engordar un aparato estatal que poco tiene de eficiente, este paquidermo de patas pesadas y cuerpo robusto refleja el conjunto de organizaciones estatales que hoy en día rigen los destinos del país, y en los cuales el Gobierno Nacional no ha sabido dar cabida a la iniciativa privada. Porque es de lamentar que en Bolivia el ser empresario sea una de las cosas más difíciles que existan, ya sea por la burocracia imperante que nos obliga hacer fila y a llenar formularios por todo y por nada, o por la carga impositiva que se presenta como un yugo o un verdugo sobre la cabeza de todos los emprendedores de este pobre país, o incluso por las políticas populistas del mandamás de turno que le “mete nomás” para luego lavarse las manos como Pilatos. Olvida el Estado boliviano que es el empresario el generador de un empleo sólido y real, es el que busca los profesionales técnicos para ocupar los cargos que den una mejor atención y un buen servicio a sus clientes, a diferencia del aparato público donde prima la política y el compadrazgo. Porque debiera recordar el hermano presidente que si todos ganamos la sociedad crecerá de un modo sólido y estable, porque es momento de dejar de lado el discurso del empleador maldito y el trabajador oprimido, porque es tiempo de que nos demos cuenta que el beneficio de unos es el beneficio de todos. Tarde notará el Presidente que no es no más negociar con la Central Obrera, olvidando que el que arriesga capital es en realidad el empresario, y que si bien atender las demandas de un pueblo que ignora muchas veces las nociones básicas de un ciclo económico de productividad le puede traer rédito político, también será ese mismo pueblo el que al verse sin un empleo formal le quitará su apoyo. Porque se equivoca aquel que aún sostiene la visión anacrónica de la lucha de clases, en la que se visiona un empresario opresor y maldito que se aprovecha de un empleado siempre débil y frágil, porque en la actualidad la guerra de ideologías es algo que ya no corresponde, porque la cosa ahora es más práctica, y si el Gobierno cree que la solución pasa por hacer todo subvencionado y público, va mal, y los resultados serán los que a la larga le mostrarán el rostro amargo de la realidad. Pero aún es tiempo de cambiar de visión, quizás así podremos evitar estar llegando a planes de emergencia para recuperar el malogrado nivel laboral del país, y nos podremos ocupar de apoyarnos los unos a los otros en una suerte de beneficio común en el que el ganar será una constante en el país, porque no es cuestión de política, es cuestión de apoyar a los verdaderos emprendedores, que bien se lo merecen en un país tan complejo como el nuestro.

lunes, marzo 27

La odisea de ser empresario en Bolivia

Hacer empresa es quizás una de las actividades más difíciles en Bolivia, la burocracia y complejidad que exige a todo emprendedor el estado nacional, hace que aquellos que se animan a invertir en su país deban atravesar una verdadera odisea. La poca practicidad de varios de los trámites necesarios para constituir una empresa hacen que el solo nacimiento de la iniciativa privada sea un doloroso trajín por sillas y escritorios donde bien debe esperarse por el sello redondo de un funcionario y luego por la autorización de otro, hasta que finalmente se presente un informe donde exista, normalmente, alguna observación. Resulta tan complejo esté andar, que en la desesperación por lograr los resultados pretendidos, se dan lugar a irregularidades de todo tipo y de todo color. Los datos apuntan a que en Bolivia, demora cerca de 50 días poder constituir una empresa formal, en tanto que en países desarrollados este tipo de autorización no demora más de un día, y si deseamos ver más cerca, en nuestros los países vecinos este tiempo se aproxima a una semana. Pero la travesía no termina ahí, una vez que la empresa se ha logrado constituir debe arrastrar consigo el peso de las imposiciones tributarias que sumadas en total obligan a todo empresario a gastar un alto porcentaje de tiempo en el poco práctico sistema de pago tributario, no sin mencionar que para todo emprendedor resulta difícil aceptar que pague un montón de impuestos que no necesariamente se irán a emplear en obras relevantes, si no que muy probablemente terminarán alimentando el apetito sinfín de canchitas de pasto sintético que el presidente tiene, o las concentraciones masivas de una aclamación a gritos a cambio de fichas de asistencia y en defensa de intereses sectoriales o de poder. Sin embargo de esto los emprendedores asumen ese desafío y siguen apostando por su país en una nación que ha sido etiquetada como el peor lugar para pagar impuestos del mundo. A la par nuestro sistema hace que la gente prefiere invertir en el campo informal, en el cual evidentemente se genera hasta el 80% del trabajo nacional pero cuyo aporte económico no llega al Estado y no significa, ni por asomo, estabilidad laboral real. Por el contrario las empresas formales, siendo un porcentaje menor, deben cargar las pesadas obligaciones sociales, soportar las demandas económicas que el Estado les exige, y a la par deben de soportar la persecución, casi acoso, de las instituciones estatales que buscan exprimirles hasta la médula. Con esta presión el empresario promedio boliviano no puede darse el gusto de contratar más personal, por lo cual no genera empleo en el cual se pueda garantizar una cierta estabilidad a las personas que trabajan con un contrato serio; tampoco puede invertir más, por ende es difícil crecer, pero el Estado es ciego y hasta bruto, porque sigue apostando al crecimiento de un aparato público que ya parece caerse de ineficiente, en vez de fomentar el emprendimiento particular que generará empleo, que es al fin de cuentas, el único referente de crecimiento económico real. Es tiempo de que los bolivianos nos demos cuenta que ya es momento de dejar de alentar a los viejos políticos de siempre y es preciso fomentar en nuestros hijos la consciencia necesaria de formar emprendedores, porque Bolivia necesita emprendedores, ya no más políticos.

lunes, marzo 13

La historia está contada por hombres

La historia está contada por hombres, así como muchas de nuestras costumbres y tradiciones, es por eso quizás que muchas de las cosas que vemos, hacemos y pensamos nos parecen normales. Porque siempre se hizo así, porque así nos lo enseñaron en el hogar, porque dentro de estas acostumbradas actitudes sociales late un machismo negativo y es momento de hablar de eso, porque somos una sociedad heredera de un maltrato general a las mujeres y reproductora de un sistema de flagelación mental hacia ellas. Pero increíblemente aún existe gente que se pregunta ¿por qué debemos conmemorar un día especial para las damas?, y la respuesta simple y descarnada apunta a reconocer que aún se reproducen en los hogares, en las aulas y en la rutina diaria, cientos de hábitos de dominación machista que no nos permiten avanzar como sociedad Pero todo esto es consecuencia, de un desarrollo histórico en el que ellas siempre han perdido, porque recién a mediados del siglo XIX la lucha de la mujer toma más fuerza a través de exigir el sufragio universal, y así paso a paso fue avanzando con pequeños pero importantes logros hasta llegar a inicios de la década de 1900 donde nacieron los días en los que se piense en ellas, para luego alcanzar importantes aportes como que se les permita estudiar en las universidades y otros elementos que obligaron a la humanidad a admitir que aún el mundo no está preparado ni listo para la equidad de género. Porque hasta la naturaleza apunta contra ellas, son ellas las que en la pareja deberán transformar su cuerpo para dar vida, son ellas las que deben sangrar cada mes, las que deberán cargar con el peso de la formación de los hijos; y la sociedad también es cruel pues si tienen varias parejas son tachadas de putas, y si es que ejercen una vida más libre se exponen y es su culpa si las violan, y son ellas las que deben sacrificar su éxito profesional por ser madres, son ellas las que si no se casan pierden el tren, las que deben estar permanentemente mendigando una media naranja porque la sociedad les ha hecho creer eso, son ellas las que deben de tener un instinto materno porque se supone que esa es la realización de toda mujer. ¿Qué sacrificamos los varones? Poco o nada nos exige la vida, llevamos el rótulo de jefes del hogar sin merecerlo, porque el sacrificio mayor no va en nuestros hombros. Y para colmo de males los que más las dañan, por el libido y descontrol sexual que llevan en los pantalones, son los propios hombres, porque radica en ese deseo descontrolado un negocio turbio y horrendo en el cual se las obliga a vender su cuerpo para satisfacer el morbo de la prostitución y la trata y tráfico de mujeres, que es una realidad que está ahí, y que no existiría si no fuera porque está la demanda desgraciada de aquel que piensa con el pene en vez de usar la cabeza. Avanza de este modo la existencia de la mujer en una sociedad que se ha hecho decadente para ellas y en la que día a día luchan por mejores condiciones, por una equidad que sólo está escrita en la ley y que en la realidad no se cumple, porque aún vivimos en una sociedad que las juzga, en la que no pueden aún decidir libremente sobre sus propios cuerpos y en la que incluso la religión las acusa. Por eso es importante que exista un día, y otro, y otro más en el cual hablemos de este tema hasta que las cosas cambien, porque ellas lo único que piden es igualdad y equidad, no nos exigen nada más, nos reclaman respeto, que es algo que mínimamente les debemos a cambio de tantos siglos y siglos de maltrato. Un cambio real va por transformar nuestra forma de pensar, va por respetarlas como personas, no sólo como mujeres, va por valorarlas y pasa por admirar lo maravillosas que son. Porque es tiempo de que la historia también la escriban ellas.

miércoles, marzo 1

Lo que les da la gana

Vivimos en un país en el que el quebrantamiento de la norma es cosa común, un sitio donde el que más o el que menos hace lo que le da la gana, y bien puede el chofer parar donde mejor le plazca para recoger a quien se le ocurre, así como puede también el Presidente ignorar un referéndum vinculante y apoyarse en lo que sus masas gritan a cambio de una ficha de asistencia o de un beneficio particular. El 21 de febrero de 2016 el pueblo dijo en las urnas que ni el Presidente Morales ni el Vicepresidente García pueden habilitarse a una nueva elección, el acto democrático fue validado por el Tribunal Supremo Electoral y con un 51,3% de votos le negó al actual mandatario tal posibilidad. El referéndum, institución democrática vinculante y parte de la democracia directa, establecida en nuestro ordenamiento jurídico desde el 2004 y consolidada en el 2009, es la manifestación soberana de la voluntad popular y si bien el gobierno saca a la palestra la influencia del caso Zapata, también valdría la pena recordarle las varias denuncias de actas cuyos resultados fueron invertidos a fin de dar una ventaja ilegítima al planteamiento masista, considerando lo cual bien podría afirmarse que la ventaja del rechazo a la pretensión de eternizarse en el poder fue mucho más alta que la obtenida. Estudiando la teoría básica del derecho, ni el Tribunal Constitucional podría ir contra la decisión del pueblo que, en el caso visto, ejerció la soberanía indudable de la que es titular. En resumen, si el Tribunal Constitucional da validez a una nueva elección estaría actuando contra el pueblo y su soberana decisión, y en tal caso la maña y la trampa se impondría por sobre la esencia de la democracia. Similar lógica va con todos los tecnicismos legales que, en sus noches de arrebato, han pretendido descubrir los abogados y líderes masistas, porque el espíritu del referéndum ya ha hablado y es válido, les guste o no. El Presidente ha tenido una gestión de gobierno que será juzgada por la historia, pero más allá de ello debiera el primer servidor del país recordar que triste es el destino de aquellos que se enamoran del poder, porque tarde o temprano terminarán pagando la factura elevada del dominio, y su final será maldecido y lo bueno que hubiesen hecho puede ser eclipsado por la carrera desenfrenada de la angurria. Esa es Bolivia, un hermoso país con gente muy buena pero demasiado inmadura para crecer, un lugar ausente de nuevos líderes en el que los viejos caudillos pareciesen presentarse como la única opción, porque los líderes honestos y que valen la pena prefieren ser emprendedores aún en un país en el que ser empresario es ser quijote, porque los hombres y mujeres honestos y de valores prefieren sus familias en vez de los debates de una política malgastada y pesada que muestra flores pero nunca da frutos, y es así que tristemente nos quedan los políticos eternos que se inflan de ego, cuyas fotografías e imágenes inundan las paredes gastadas de una sociedad que se cree avanzar pero que no se da cuenta que sigue y sigue girando en un círculo eterno de pobreza. Por lo pronto no debiéramos estar saliendo en marchas y concentraciones para poner en duda o ratificar el cumplimiento de la norma, porque la ley debería cumplirse y punto, pero, como dije antes, en nuestro país todos hacen lo que les da la gana, empezando por el mismísimo Presidente.

lunes, febrero 13

El triunfo del ego

Corría el 21 de julio del año 2006 cuando el Presidente Morales firmaba el decreto supremo por el cual se declaraba Patrimonio Histórico Nacional a la Localidad de Orinoca y Monumento Histórico la vivienda donde él nació; aproximadamente seis años después, el 18 de octubre del 2012, se firmaba otro decreto por medio del cual se autorizaba el uso de fondos para el Museo de la Revolución Democrática y Cultural Orinoca – Oruro. Este año, casi 11 años después del nacimiento de aquella idea ególatra se inauguró finalmente el monumento a la vanidad, instalado sobre una superficie de 10.000 metros cuadrados, y con un gasto (porque inversión no es) de más de 7 millones de dólares, el famoso edificio fue presentado a la sociedad enalteciendo la visión narcisista de nuestro presidente. Descansa allí la afamada chompa de rayas rojas, azules y blancas con la que el mandatario visitó, también hace casi 11 años, el Palacio de la Zarzuela para reunirse con el entonces rey Juan Carlos de España, la misma que luego emplearía para conversar con otros dignatarios y autoridades y que en ese entonces hasta fue entendida como una moda; y también están poleras de equipos de futbol, sombreros, un charango con el rosto del líder masista, y hasta una estatua tamaño natural del Presidente. El ambiente, nuevo y financiado con recursos públicos, se yergue en medio de la fría pampa en contraste con la pobreza de un pueblo que, como muchos otros, tienen otras prioridades más apremiantes que una exhibición del poder del Gran Hermano. Pero como el pueblo muchas veces es ciego y poco criterioso, la obra es hoy orgullo de los lugareños, porque así son, porque así hemos vivido una y otra vez la misma historia repetida de fracasos consecuentes solamente matizados por la paciencia infinita de aquellos que ven en el vuelo de las aves un futuro imposible en vez de priorizar sus propias necesidades. El propio Presidente ha calificado su mueso como “patrimonio de la humanidad”, el Vicepresidente manifestó que quienes critican este monumento son “racistas”, el Ministro Romero la considera de un “valor casi divino”, pero para aquellos que no estamos ahogados en las mieles del poder la obra no puede menos que incomodar, pues es la historia la que pone los méritos en las personas y no ellos mismos y mucho menos sus seguidores o dependientes, no somos nosotros los que debemos calificarnos, esa tarea será mérito de otros. Y es la misma historia la que nos muestra que el camino del ego, de la imagen del gran líder, ha sido siempre la bandera favorita de los dictadores, de los opresores y absolutistas, de aquellos que han pensado primero en sí mismos y han sucumbido al antojo desmedido de dominio. Lo que existe en Orinoca es un triunfo del ego, un manejo exagerado de la personalidad y la muestra más palpable que del Evo que ganó la elección hace ya 11 años poco queda. Su entorno o el poder mismo, le han enceguecido y la humildad ha dado paso a la arrogancia, ha tomado su gobierno el camino directo a la tiranía de creerse la única opción para Bolivia y en esa lógica el único resultado posible es la desgracia. La extinción de la imagen del líder indígena es inminente, y quedará la visión del déspota, del que tiene su museo, pagado con el dinero de los bolivianos y sostenido por y para engrandecer la imagen del que tiene la obligación de ser el primer servidor público del país, porque Señor Presidente usted ha sido elegido no para echarse flores sólo, sino para trabajar por y para todos los bolivianos, no permita que la neblina del poder entierre su gestión de gobierno en el mar del olvido y la infamia. //////(Imagen tomada de https://3.bp.blogspot.com/-dDdUoi3reu4/VyeqxwHd12I/AAAAAAAAAbQ/Bm64lcidCFgy62PJ5HMyFMHwn8C-9InmQCLcB/s1600/ego-620x300.jpg, artículo publicado en Los Tiempos - Bolivia - el 11 de febrero de 2017)

lunes, enero 30

La corrupción, usted y yo

El término corrupción es muy amplio y suele relacionarse al abuso del poder público en busca de un indebido beneficio particular, sin perjuicio de que también se encuentra relacionado con los delitos o faltas que puedan cometerse en el ámbito privado, el vocablo es tan temible que es considerado sinónimo de descomposición, putrefacción, podredumbre, depravación, perversión, vicio, peste y, por supuesto, deshonestidad. Transparencia Internacional es una organización fundada en 1993 con el fin de promover medidas contra crímenes corporativos y corrupción política en el ámbito internacional, su sede principal se asienta en Berlín (Alemania) y tiene representantes en más de 70 países. Esta entidad anuncia desde el año 1995 el Índice de Percepción de Corrupción, trabajo que mide los niveles de percepción de corrupción en el sector público bajo la definición precisa de que la corrupción constituye “el abuso del poder encomendado para beneficio personal”, con este fin emplea una escala que va del cero (considerada una percepción muy corrupta) hasta el cien (que sería la ausencia de corrupción). En su más reciente informe Bolivia cayó estrepitosamente catorce sitios, ubicándonos en el puesto 113 de una lista cuyo total llega a 176 países. De un modo resumido podríamos afirmar que estamos peor que el pasado año (en dicha gestión ocupamos el puesto 99, un sitial que tampoco era digno de orgullo). A nivel de puntuación alcanzamos un 33 sobre 100. En la región ningún país se encuentra en el top ten de los países menos corruptos (listado que encabezan orgullosamente países como Nueva Zelanda y Dinamarca) y recién vemos a Uruguay aparecer en el sitio 21, seguido por Chile en el 24 y Costa Rica en el 41. Los demás van apareciendo más allá del puesto 50, así surgen en orden: Cuba, Brasil, Panamá, Colombia, Argentina y El Salvador; y recién pasando la línea del centenar están Perú, Bolivia, Ecuador, República Dominicana, Honduras, México, Paraguay, Guatemala, Nicaragua, Haití y cierra la tabla Venezuela. Si bien es cierto que el Vicepresidente ha rechazado el informe calificándolo de sesgado y políticamente orientado, no es menos cierto que podemos pararnos en la esquina de cualquier calle de nuestras ciudades y preguntar a la gente su opinión respecto a la corrupción, y tendremos similares resultados en la percepción de la población, porque todos conocemos que la corrupción existe, que está en el policía que vende la roseta de inspección vehicular, en el funcionario que ofrece agilizar el trámite, en el ejecutivo que nombra a dedo en el cargo que debiera ser sujeto a concurso, en el juez que pide coima, en la autoridad que pide el carnet del partido político antes que el currículum, e incluso en usted y yo, que estamos ya acostumbrados a vivir en la corrupción. De poco servirá que se nombren jefes de transparencia en los ministerios, porque el Estado en vez de crecer tanto debería de achicarse y usar la tecnología como reemplazo de un sinfín de trámites burocráticos en los cuales late el germen de la corrupción, y debiera contratar técnicos en vez de políticos en todos los cargos de la administración pública. Pero eso es como pedirle peras al olmo. En fin, el Índice de Percepción de la Corrupción está ahí y, creo yo, que más allá de lo que afirmen nuestras autoridades dicho trabajo refleja una dolorosa realidad.

lunes, enero 16

Pan y circo

Decían en la Roma de la Edad Antigua, «al pueblo pan y circo», haciendo referencia a que un gobierno bien puede desviar la atención de temas centrales con algo de comida y entretenimiento de baja calidad. Esta receta, difundida con diferentes palabras por analistas e ideólogos del pensamiento político, es también de aplicación en nuestro país, y aunque usted no lo crea mi amigo lector, no fue el partido de gobierno el que inventó esta fórmula exitosa de poder, aun cuando debemos aceptar y reconocer que la maneja muy bien. Este plan de control se lo viene aplicando desde muchos siglos atrás, y así resulta el carnaval más importante que el mar como ocurrió en antaño o el Dakar más importante que el agua, como sucede ahora. Es de este modo que Bolivia, un país de tercer mundo, un país con ciudades que se están secando y con un gobierno al que poco o nada le interesa la legalidad, se da el lujo de pagar cuatro millones de dólares para que el Dakar pase por sus pampas, destrozando el delicado equilibrio ambiental y llevándose por delante cuanta precaución pueda pensarse; pero eso no importa, porque lo relevante es el show, es el vendaval de propaganda que significa ver al Gran Hermano en cada llegada de los coches, de los camiones, de los cuadratracs y de las motos, es ver que los competidores le abracen y le besen, y que todos digan una y otra vez que él es el artífice de algo que nos enorgullece como bolivianos. Sin mencionar que para muchos puede ser motivo de orgullo nuestro folklore, nuestra literatura, nuestros paisajes, nuestras tradiciones y nuestras comidas, al menos mucho más que el estruendo de las máquinas del Dakar. Pero volvamos al fondo de este artículo: ese es el circo político, ese es el mini carnaval que en cada paso forma el famoso Rally, aquel que llega hasta el corazón de La Paz para que los votantes se asombren de que Bolivia es tendencia mundial, cuando en los hechos desde afuera sabemos bien que no sonamos ni tronamos. Y para rematar cabe aclarar que esta tramoya la pagó usted querido contribuyente, usted el empresario, usted el que trabaja y le descuentan en impuestos lo que nunca pagan otros sectores de mayor beneficio, como los cocaleros; porque el Dakar de este año costó un millón más que las ediciones 2015 y 2016, y dos millones más que la edición 2014, por lo que pagamos como bolivianos cuatro millones de dólares que, en mi humilde opinión, pudieron tener mejor destino. Pero nada de eso importa, porque es un evento de “orgullo nacional” y es el circo que el público necesita. ¿Pero sabe lo realmente triste? Lo deprimente es que el pueblo se traga la fórmula con todo y botella, porque así somos, porque si somos críticos somos anti patriotas (bien lo dijo una autoridad masista, es anti paceño hablar mal del Dakar; pero claro, no es anti paceño dejar a la sede de gobierno sin agua, y ni qué decir de Cochabamba que ya vive así décadas). Y sí, así vivimos, somos el pueblo, manga de almas en pena que sólo sabemos quejarnos porque no tenemos más opción, porque el poder tiene la espada del dominio y lo está usando, pero olvida el Gran Hermano que esa espada tiene dos filos y no tiene empuñadura, y así como con ella puede decapitar, con cada golpe que da, también recibe leves cortes en su propia piel, y así un día, de tanto golpear y de tanto masacrar, terminará masacrado, porque está dicho que por mucho pan y circo que des al pueblo, un día los tiranos caerán.

martes, enero 3

El orden global

El 2016 fue un año de resultados interesantes, algunas de estos considerados importantes al punto de llegar a preguntarnos sobre su relevancia para el futuro del orden mundial hasta ahora imperante. El Bretix británico (junio) y la elección de Trump en Estados Unidos (noviembre) podrían verse, desde lejos, como las noticias más relevantes y que pareciesen cortar un sistema dominante en gran parte del mundo. Muchos ven estos dos hechos como el fin del establishment político e incluso para algunos el fin de la globalización y del liberalismo. Lo cierto es que existe una reacción de descontento con los resultados obtenidos en términos de la política tradicional, reflejada no sólo en las instituciones públicas, sino también en los medios de comunicación, las empresas y hasta la religión. Sin embargo de ello, existe también una lectura errónea en sentido de que las ideas liberales habrían empezado a cavar su tumba, o que la Globalización dará un giro inesperado en el que las ideas nacionalistas se impondrán por sobre los acuerdos comerciales, este tipo de interpretaciones van ya a un extremo en el cual tratan de identificar el cansancio reflejado en las urnas contra el político corrupto de siempre, con un supuesto agotamiento ideológico que en términos de realidad no es cierto. Lo evidente es que las sociedades, y está sucediendo en el mundo entero, se aburren una y otra vez de los políticos de siempre (sean éstos de izquierda o de derecha, nuevos o reelectos) y exigen una sociedad con mayor participación del empresario, del ciudadano, y quizás menos de un Estado que tiende a ser, o al menos parecer, corrupto aquí, en Estados Unidos o en la China. El orden global no morirá, aunque el difunto Castro así lo hubiese proclamado una y otra vez, y ello porque este ya no es un tiempo de ideologías, porque la ideología no da de comer, porque en términos de libertad el orden mundial, si bien imperfecto en muchas cosas, aún presenta muchas oportunidades. Pero el orden mundial tiene desafíos, y son temas pendientes tan relevantes como: el medio ambiente, la desigualdad económica, el terrorismo, la migración, la igualdad de género y el avance implacable de la tecnología. Sin embargo de lo cual el liberalismo moderno, con sus ideas de respeto al individuo y sus iniciativas, el cuidado del medio ambiente, la libertad de expresión, el respeto a las minorías y la democracia, no está aún en juego.