jueves, diciembre 15

Bolivia y la visión país para el 2012

A lo largo del 2011 hemos visto continuamente en los noticieros el cúmulo de novedades que se presentaban cotidianamente, el arcoíris de temas variaba desde los desfiles de Las Magníficas, pasando por los tradicionales bloqueos y marchas sectoriales, las afirmaciones de funcionarios gubernamentales, los ataques de la Oposición, las relaciones internacionales y más recientemente la extrema violencia, nos enteramos de lo que pasa entre el Real Madrid y el Barcelona y nos deprimimos viendo el fútbol de la Liga local, vimos con envidia sana los avances de otras naciones y nos preguntamos en silencio: ¿cuánto hemos avanzado como país? Esta interrogante surge en momentos de evaluación de lo que hicimos a lo largo del año, ya en diciembre con las fiestas prontas a llegar y con la certeza de que muchos de los objetivos planteados no se cumplieron, se cumplieron a medias o, para los más dichosos, con las metas cumplidas o incluso superadas, en ambos casos todos vivimos en el mismo país, en la misma Bolivia, que año tras año arrastra una serie de problemas que nos consumen eternamente pero que no nos matan, que nos paralizan pero que no son capaces de suspender un carnaval. Y así es nuestra Bolivia, así somos nosotros, plagados de contradicciones y de buenas intenciones, pero carentes, en muchos casos, de resultados concretos. La visión país del gobierno a lo largo de su gestión (por no reducirnos solo al 2011) ha tenido interesantes aportes, no vamos a desmerecer la inclusión que ha traído, ni el incremento tributario en materia de hidrocarburos, ni la ratificación de los derechos y conquistas laborales que buena falta hacían, tampoco desmereceremos sus intenciones recientes de dialogar y convocar a encuentros con diversos sectores de la sociedad (idea buena pero muy afianzada en una asamblea política más, por ende mal ejecutada), pero tampoco podremos cerrar los ojos ante la excesiva politización que, tanto opositores como oficialistas mantienen, los desaciertos del Gobierno incluso contra los movimientos que le vieron surgir y que desde el Tipnis marcharon hasta la Sede de Gobierno, o los recientes comentarios críticos y equivocados del Presidente en los que olvida los límites que establece la dura Ley Financial que prohíbe ganar más que él mismo dentro el aparato público, incluyendo de manera injusta a la misma Universidad Pública, en daño directo a la calidad docente y la formación que luego el mismo Gobierno pretende extrañar o la falta de políticas técnicas y económicas y la pobre institucionalidad que tenemos en el país, aspectos que nos llevan por un despeñadero en el que pareciera que la máxima es lograr un país mejor, pero pobre, siempre pobre. Y así fue a lo largo del 2011 e incluso antes. Más allá de esta visión país, quedan los anhelos de miles de ciudadanas y ciudadanos bolivianos, quienes aún confían en que el país puede mejorar, en que en el nuevo año que se avecina podemos avanzar más, encaminados a la lucha por una mayor calidad de vida, reflejada en el desarrollo humano, en la posibilidad de obtener mejores empleos y con buenos salarios, en la visión de que el ciudadano emprendedor pueda recibir todas las facilidades para crear unidades productivas generando fuentes de empleo y logrando la satisfacción de las necesidades, reconociendo la labor de quien se lo merece y ganando lo que debe ganar más allá de un límite legislado injustamente y por supuesto dejando de lado la visión de que en nuestro país pareciera que la única salida es la pobreza, y que estará bien el menos pobre. Por esto y más es necesario que la visión de país para este 2012 cambie, que el dialogo sea la regla y la confrontación la excepción, que la política nacional madure a un nivel en el que se deje de lado la persecución y se enfoque la gestión en lo técnico, en lo operativo, en hacer del país un país próspero.

viernes, diciembre 2

Bolivia, la corrupción y nosotros

La percepción de una alta corrupción en el país no es una sorpresa, lo sabe el ciudadano de a pié tan bien como sabe que luego del día viene la noche, en su último reporte, la organización Transparencia Internacional nos ubica en un puesto peor que el obtenido en su evaluación pasada, bajamos del puesto 110 al 118 (de un total de 183 países). Como antecedentes valga mencionar que el 2007 estuvimos en el lugar 105, el 2008 en el 102 y el 2009 en el 120, siempre entre los peores. En la región somos menos corruptos que Venezuela (puesto 172) y Paraguay (ubicación 154), pero estamos lejanos de lo que han obtenido en materia de lucha contra la corrupción países como Chile (ubicación 22) y Uruguay (posicionado en el 25). Uno de los factores más complejos para la infestación y proliferación de la corrupción es la debilidad institucional en los países del área, y si nos ponemos a analizar la situación nacional este es un problema mayúsculo ya que en todas las direcciones donde veamos podremos ver maniobras de todo tipo y color en beneficio de particulares, casi nunca de las instituciones y menos aún del país. De esto, son reflejo, los partidos políticos tradicionales y conforme se pudo ver en gestiones recientes, el gobernante Movimiento al Socialismo tampoco está exento de este tipo de falencias. Y es que en materia de corrupción, todos podemos ser culpables, ojo que no digo que todos seamos corruptos (al menos no de una manera consciente), pero sí es evidente que en la larga cadena de hechos de corrupción con la que nos topamos diariamente existen muchos eslabones, y muchas veces nosotros también somos culpables. En el momento en que damos la coima para agilizar el trámite (timbre de aceleración o denominaciones similares, que sea en broma o sea en serio, muestran el alto de grado de corrupción que tenemos en el país), y nos hacemos cómplices del acto delictivo, muchas veces por evitar el maltrato al cual se somete uno cuando realiza un trámite público, muchas veces por urgencias y muchas otras porque simplemente las cosas en el país funcionan así. Incluso cuando un ciudadano comete una infracción de tránsito el comentario clásico es darles una “coima”, una "mordida", o incluso tener que escuchar la propuesta de corrupción que viene de la autoridad: "su falta es menor, si quiere puede ir al banco a pagar la multa o si quiere puede ayudar voluntariamente", y ahí es que nos convertimos en un miembro más del clan de la corrupción que circula en nuestro país, y de este tipo de ejemplos tenemos muchos, lamentablemente demasiados. Si bien es evidente que lo afirmado llega a ser una realidad dolorosa, es también el primer paso en la solución de este tipo de situaciones. Al ser nosotros un escalón más en este círculo vicioso de la corrupción, bien podemos cortar su flujo maloliente y denunciar los hechos de corrupción que se nos presentan, no dar la “coima” y preferir pagar en el banco la multa cometida, ser honesto y cumplir con honestidad desde la fila hasta el trámite que corresponda, es difícil, es más hasta incluso soñador o inocente llegar a creer en una Bolivia libre de corrupción, pero es el país al cual nos debemos y seguro que todos los padres de Bolivia desean para sus hijos un país transparente y eficiente, sin corrupción y del cual podamos sentirnos orgullosos. Este paso lo podemos dar nosotros, está en nuestras manos. Aún tenemos mucho por hacer, incluido el Gobierno Central que por supuesto no está exento, como ninguno de nosotros, de luchar contra la corrupción.

viernes, noviembre 18

La inseguridad y el narcotráfico, una cuestión de todos

No es solo problema de Santa Cruz el incremento en los grados de violencia que se registran últimamente, las pavorosas imágenes del pasado jueves mostraban como los antisociales disparaban sin temor alguno a la cabeza de una de las víctimas y esto provoca ya lógicas reacciones de los vecinos, quienes incluso armados, amenazan con defenderse a mano propia. La inseguridad es un problema persistente, se hace necesario tomar acciones concretas, la falta de recursos de la policía nacional es evidente. De pronto era más lógico implementar buenas unidades policiales en todo el país en vez de comprar un avión para el Presidente, a lo mejor podríamos pagar salarios dignos a los uniformados (evitando de este modo la corrupción) en vez de subvencionar contra-marchas o el traslado de cientos de productores de coca para que asistan a reclamar por esto o aquello, o finalmente a gritarle vivas al Proceso de Cambio. Esta realidad, esta carencia de recursos es algo evidente y se la respira desde hace años, en la Policía Nacional, en los Bomberos y en toda entidad fundamental del Estado. Y es que el problema va más allá de lo meramente delictivo, sin quitarle su grado de complejidad y por supuesto su importancia, pero ya se nota que debajo mana un elemento más dañino y que ha logrado colapsar, en distintos niveles, sociedades tan destacadas como la mexicana, y ese elemento tóxico no es otro que la actividad del narcotráfico. Cada vez son más las acciones en las que se encuentran fábricas de droga, más la droga boliviana que es descubierta en rutas aéreas internacionales y cada vez es mayor el poder que detenta el narcotráfico boliviano. La salida de la DEA, más allá de las denuncias del ex ministro Quintana o de las arengas pro socialistas y anti imperialistas de los funcionarios de gobierno, cualquiera sea su nivel jerárquico, no ha sido una buena idea en lo que a lucha contra el narcotráfico refiere. Este tinte, mal oliente y poderoso, está dañando la imagen, no solo del gobierno de turno, sino del país en su conjunto, ser productores y exportadores de droga no es un rótulo que nos enorgullezca. Pero aún peor es el aditamento que necesariamente acompaña al desarrollo del narcotráfico: la violencia, lo que deriva en la inseguridad que hoy viven cientos de bolivianos. Los ajustes de cuentas, los casos sin resolver, el daño a los hijos y a las madres, es algo que viene al país a quedarse, y las autoridades no logran dar solución a este problema. Es necesario, cortar de raíz todo este tipo de procesos negativos para la imagen del país y por ende de los bolivianos, es preciso que el país retome un caudal de seguridad que ya hace años viene reclamando, solo que ahora, debido al incremento en el proceso ilegal del narcotráfico, se ve más duro y amenaza de peor manera a la supervivencia de nuestra sociedad. Queda la esperanza de que Brasil, en su calidad de líder regional, a decir del Representante de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Cesar Guedes, pueda cooperarnos en la lucha contra el narcotráfico. Pero paralelo a esto y más allá del narcotráfico, en un tema de fondo como la inseguridad, es necesario que las autoridades nacionales inviertan más recursos en aspectos básicos como sanear a las entidades de orden y seguridad estatales, capacitarles, dotarles de todos los recursos necesarios y de este modo dotar de seguridad ciudadana a la población en su conjunto.

jueves, noviembre 3

¿A qué juega el gobierno?

El manejo de la cosa pública es un tema muy delicado, quienes administran el gobierno del Estado deben sostener, entre las múltiples virtudes que requieren para ser competentes en el rango, ser muy diplomáticos y prudentes a la hora de emitir criterios. Y es precisamente una de las falencias principales del gobierno actual, empezando por la cabeza del Ejecutivo, la falta de diplomacia y prudencia en el anuncio de sus actividades y planes, tal es la situación que el último cantar del Presidente fue el anuncio de un futuro incremento, negociado en una cumbre social cuyas bases aún se desconocen, de la gasolina. Este anuncio, por supuesto y en virtud del aún fresco recuerdo de la última intención gubernamental de incrementar este carburante, puso los nervios de punta a un país cuya última notica destacada es que ocupa los últimos lugares en desarrollo humano en la región. Y es que el pueblo anda fregado, por no usar un término de pronto más adecuado pero más grosero, el proceso de cambio ha tenido sus virtudes pero también ha mostrado sus flaquezas, que en suma pasan también por muchas de las crónicas falencias que han tenido los gobiernos de antaño. ¿A qué juega el Gobierno anunciando un gasolinazo y luego culpando a la prensa de ello? Quien anunció esto no fue un periodista, fue el propio Presidente del Estado Plurinacional, quienes temieron un gasolinazo fue el pueblo entero porque la plata no sobra, más bien falta y en caso de un incremento todo sube y de eso sabemos bien, pues en el último gasolinazo masista los precios se dispararon pero nunca más bajaron, y fue el pueblo el que tuvo que sostener dicho incremento cada mes, cada día y cada hora con las compras regulares que hacen a la manutención del hogar. Es evidente que el gobierno tiene una agenda permanente de carácter político, pero el tema económico aún presenta falencias que se hacen necesarias se solucionar. La economía nacional es y siempre ha sido un aspecto flaco, una debilidad, que a su turno se refleja en pobres resultados que van desde lo deportivo hasta lo macroeconómico. Podríamos afirmar que por ser pobres estamos destinados a una eterna vida de arruinados. Más allá de amedrentar a la prensa, el Gobierno debiera de pensar que será muy útil pensar, hasta dos veces, porque en política no hay tiempo para más, antes de dar anuncios antojadizos. Incluso debe considerarse, que como sucedió en otras ocasiones, vestido de “diálogo nacional”, los movimientos sociales pro masistas, atribuyéndose representatividad nacional, obviamente no institucionalizada y más bien hasta manipulada, pretendan reunirse y determinar sobre aspectos para los cuales no tienen formación. La economía no es un tema a decidir en un cabildo, es un tema para pensarlo y en el que deben considerarse sus efectos para todos los ciudadanos del país, desde el más pobre hasta el más rico, contemplando sus beneficios a corto, mediano y largo plazo y buscando la estabilidad que tanta falta nos hace.

jueves, octubre 20

El Tipnis y un mensaje para todos los bolivianos

En la misma semana en que Gadafi caía abatido y años de régimen quedaban atrás de las imágenes de su ensangrentado rostro, dejando en las retinas de miles el claro mensaje: “así terminan los tiranos”, teníamos también el anuncio de ETA de un cese definitivo en sus actos violentos, tras 45 años de actividad armada, a la par en nuestro país una columna humana de indígenas de tierras bajas se dirigía a Palacio de Gobierno para negociar la suspensión de un proyecto carretero que atraviesa por su territorio. Esta conflicto, que ha desnudado la incongruencia entre el discurso oficialista pro indigenista y la realidad con la que hoy se enfrenta el gobernante Movimiento al Socialismo, es un paso importante en lo que se ha venido a constituir la desacreditación de la imagen del Presidente del Estado Plurinacional. Esta tendencia, demostrada con la victoria de los votos nulos y blancos en las elecciones judiciales pasadas, ratifica que el manejo de un Estado no es similar, ni por asomo, a dirigir una organización sindical, y, a pesar de la demora, la población lo está empezando a notar. Más allá de la poca probabilidad, siempre existente, de que una marcha como las cientos que anualmente vemos en el país, pueda llegar a desestabilizar o no al Presidente y su Gobierno, queda el mensaje transparente de que el llamado Proceso de Cambio debe tomar nuevos principios y considerar nuevos valores que dirijan su caminar. En esta lógica es menester que el primer mandatario nacional asuma el compromiso real de promover una mayor integración entre las y los bolivianos, con la responsabilidad que significa ser la primera autoridad del país y quien debe mostrar, con el ejemplo, el saber y reconocer que Bolivia somos todos. De pronto no es importante donde se puede dialogar, quizás menos aún lo es no ir a solucionar los problemas, estén donde estén, lo realmente valioso es saber que podemos solucionar nuestras diferencias por encima y superando los conflictos particulares que podamos tener fijándonos en aquello que nos une en vez de las diferencias que tenemos. Finalmente, reiterar el mejor mensaje que nos ha dejado la marcha de los indígenas hoy en día, el Tipnis nos ha mostrado que es posible unirse en torno a un ideal colectivo, nos ha recordado que más allá de las diferencias que somos bolivianos todos y que el único camino para avanzar hacia un futuro estable y con progreso, no es la confrontación, sino el diálogo.

jueves, octubre 6

El genio de la manzana

Casi al mismo tiempo que se presentaba el IPhone 4S, dejaba de existir, tras una prolongada batalla contra el cáncer, Steve Jobs, el Genio de la manzana, considerado una suerte de gurú en temas tecnológicos, Jobs fue en esencia un innovador, preocupado siempre por la estética, logrando que sus creaciones fueran tanto hermosas como novedosas, era considerado por sus colegas como un perfeccionista. Para muchos, Jobs era una especie de John Lennon de la tecnología, un excelente orador y un genio publicitario, sin mencionar su capacidad financiera en el imperio que construyó: Apple. ¿Pero qué tiene de especial mencionar a Steve Jobs en un país donde existen serios problemas de otra índole, donde marchistas luchan por sus derechos, donde los bloqueos y paros son (en promedio) cosa de casi todos los días, donde nos faltan tantas cosas y donde tenemos tantas incongruencias? La respuesta, si bien suene utópica, radica en la capacidad inspiradora que este tipo de personajes puede desarrollar en la juventud nacional, porque Jobs, por mencionar algunos datos interesantes, nunca terminó la universidad pero sí fue un excelente creativo y un innovador infinito, porque en cierta época se le cerraron todas las puertas y él no se dio por vencido, e incluso porque no creció con sus padres biológicos, y es que Jobs amaba lo que hacía, amaba cuando sus creaciones funcionaban y satisfacían las necesidades de las miles de personas que, a diario, compraban un I Phone, un I Pad o un I Pod. Jobs sabía que tenía cáncer, sabía que moriría, pero entre una actitud negativa y una actitud positiva eligió la mejor opción que tuvo: ¡vivir, vivir plenamente! En la Universidad de Stanford (2005), Jobs dio un discurso fabuloso durante el acto de graduación, de manera textual él dijo lo siguiente, bien vale la pena conocerlo: “Pensar que estaré muerto pronto es la herramienta más importante que he tenido, pues me ha ayudado a tomar las grandes decisiones de mi vida. Casi todo –las expectativas externas, todo el orgullo, todo el miedo a hacer el ridículo o a fracasar- desaparece de cara a la muerte y queda lo que es realmente importante. Recordar que vas a morir es la mejor manera que hay para evitar caer en la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. Tu tiempo es limitado. No te dejes atrapar por el dogma de vivir con lo que resulta de los pensamientos y las ideas de otros. No permitas que el ruido de las opiniones de los otros silencie tu voz interior. Tu trabajo va a llenar gran parte de tu vida y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideras es un gran trabajo. La única forma de hacer un gran trabajo es amar lo que haces. Si no lo has encontrado aún, sigue buscando. No te conformes. Como todo lo que tiene que ver con el corazón, te darás cuenta cuando lo encuentres. Así como sucede con cualquier relación trascendente, se pone mejor y mejor con el paso de los años. Sigue buscando hasta que lo encuentres. No te detengas.” Lindas palabras para una persona que consideraba al “Enfoque y simplicidad” como sus mantras. Y quien afirmaba muy seguro que “Lo simple puede ser más difícil que lo complejo. Tienes que trabajar duro para aclarar tus ideas para hacer que lo que pienses sea simple. Pero, al final, vale la pena porque una vez lo tienes, puedes mover montañas.” Resulta muy inspirador, para las nuevas y viejas generaciones, para gobernantes y gobernados, para empresarios y trabajadores, ver que en el mundo coexistimos con mentes tan brillantes como la de Jobs, queda en cada uno el asumir el reto de poder crear y dejar un legado como él lo hizo, con nuestras distintas habilidades, conocimientos y destrezas. El Genio de la manzana así lo hizo, nosotros también podemos si de veras nos esforzamos en ello.

viernes, septiembre 9

La conquista, pero al revés

Muy probable que el título de este artículo sea demasiado ambicioso para lo que en realidad viene sucediendo, quizás es más una visión futurista compartida por visionarios de la economía y optimistas regionales, sin embargo se viene dando un proceso que podríamos definirlo como una suerte de conquista, pero al revés. En España existe preocupación porque la mexicana Pemex invertirá en la española Repsol y tendrá una importante participación, para muchos esto afecta el carácter nacionalista español de dicha empresa, incluyendo entre los preocupados al ex presidente Felipe Gonzáles para quien Pemex tendrá por “prioridad defender los intereses mexicanos”, y este caso no es aislado, ya que otras grandes mexicanas como Televisa, Cemex y Herdez han realizado inversiones en España por más de 6000 mil millones de dólares, solamente en la última década. A varias de estas empresas las denominan las Multilatinas y reflejan las carabelas (empresariales en este caso) que van de vuelta desde América Latina hasta el Viejo Continente. Brasil, el gigante de esta lado del mundo, también se ha apersonado con el crecimiento de Petrobras o el interés en el mercado europeo de los grupos Camargo Correa y Alpargatas que ya tienen presencia en suelo español. Este panorama, si bien inicial, seguirá creciendo, afirman los expertos y manifiestan que no es solamente cuestión de la buena racha de ser proveedores de materia prima para China o las buenas relaciones con países asiáticos. Según reporte del Foro Económico Mundial se afirma que en lo que hace a competitividad existe un avance sostenible en la región, con países como Brasil, México, Perú, Ecuador, Panamá, Argentina, Uruguay y Bolivia. Esto derivaría en que el aporte económico al mercado global en el próximo decenio pueda hacer que países como Brasil, México o Colombia puedan aportar más que Italia o Alemania. Es claro que el Continente es asimétrico en las visiones de desarrollo, lejos están en esto Brasil de Venezuela, por mencionar un ejemplo, sin embargo en la región ya se respira un aire mayor de progreso. Si consideramos que aún tenemos, como región, desafíos muy básicos y complejos que resolver, tal el caso de la infraestructura, educación, salud y seguridad, resta concluir que el camino al progreso es aún largo y depende de muchos factores, no solamente la competitividad o desembarcar en suelo europeo. Y, obviamente, la tarea si bien es harto pesada para los gobernantes, es también nuestra parte la que deberá primar para poder ser sostenibles en un desarrollo que refleje el surgimiento de una nueva realidad para América Latina.

jueves, agosto 25

Gobernar Obedeciendo al Pueblo y el Tipnis


610.000 hectáreas protegidas serían el sacrificio ecológico que pretende el Gobierno del Presidente Evo Morales para poder tener una carretera que destruya un sistema ecológico de los pocos que restan en el mundo, la relación Evo y Madre Tierra, llegó hasta ahí, el dichoso “Gobernar obedeciendo al pueblo” que también se estanca por su propio peso. Si bien en su inicio el romance ecológico ya fue salpicado por las afirmaciones presidenciales en torno a la Coca Cola y sus virtudes, o las hormonas del pollo y la sexualidad, en la cumbre de Tiquipaya, hoy por hoy el Gobierno del Estado Plurinacional se enfrenta a un problema mayor, no solamente convencer a cientos de miles de que pavimentar el 43% de la cobertura total del área forestal en cuestión es algo positivo y hasta necesario, sino que debe enfrentarse con su propio doble discurso, con el espejo que no le miente y le muestra que ha cambiado, que se ha transformado desde que ha asumido el poder político del país, que se ha dado cuenta que gobernar bajo la presión del pueblo no es posible, siempre habrá descontentos, que gobernar no es manejar un sindicato, que los indígenas, si bien en su momento votaron influidos por el voto consigna, también tienen dos dedos de frente y pueden y deben de tomar defensa de sus territorios, y, aunque suene ilusorio creerlo, que la comunidad internacional se dé cuenta que el Gobierno, si bien tiene la cara indígena, no necesariamente responderá a esos intereses.
¿Cuál será el costo político para el Presidente Morales con esta nueva imagen de carretero y no de ecologista?, ¿qué pasará con la imagen de presidente pro indígena?, para muchos será un argumento más para desenmascarar, a decir de sus opositores, el tipo de gestión que ha impulsado el Gobierno. Si tiene, o no, un rol USAID en este problema, será cosa de esperar, en todo caso ya se anuncian las campanas de despedida de este organismo internacional, dejando de lado el aporte que ha dejado en el país y, como siempre, fijándose el Gobierno solamente en su propia visión en desmedro de los beneficiarios de este tipo de cooperaciones. Si las autoridades afines al Gobierno, al igual que el tema del cambio horario en el país, alegan demencia tras sus declaraciones, es otra cosa, pero es evidente que lo que se habla no puede ser borrado fácilmente y por ende tiene sus efectos.
Amén de las múltiples menciones en Internet respecto a lo intereses que motivarían la construcción de una carretera que cruce por un parque nacional ¿cuáles los intereses?, ¿a quiénes beneficia?, ¿qué gana el Gobierno para arriesgar así su imagen pro verde? Toda vez que la libertad de expresión en Bolivia está restringida, los análisis respecto a estas interrogantes los deberá realizar usted, estimado lector, en lo profundo de su corazón y mente, conclusiones que afectarán, seguramente, su visión política y social de esta realidad a la que nos enfrentamos diariamente.
En tanto esto se produce, vaya un sincero apoyo al cuidado y preservación del medio ambiente, que mas allá del ya mentado progreso debe ser defendido por todos los agentes de la sociedad.

jueves, agosto 11

Nada es gratis


A nivel de ideologías, así como en el limpio papel que todo lo soporta y todo lo presenta, resulta fácil afirmar y pedir cualquier cosa, otra cosa es mirar a la realidad y preguntarse aspectos muy reales y tangibles como, evidentemente es, la economía. En su momento este tipo de análisis los vimos realizados, de cara al pueblo, a través de los discursos televisados del ex presidente Carlos Mesa, con números y con datos que no mienten (lo más hermoso de la matemática es que es exacta), en la pasada semana un mensaje similar, y cargado de ese realismo que muchas veces se extraña en las vísceras de los latinoamericanos, fue dado por el presidente chileno, Sebastián Piñera.
Piñera afirmó algo que es una realidad: “Todos quisiéramos que la educación, la salud y muchas cosas más fueran gratis para todos, pero al fin y al cabo, nada es gratis en esta vida, alguien lo tiene que pagar” y es algo evidente, y es que los Latinoamericanos (incluidos los bolivianos) somos muy buenos cuando hacemos solicitudes, pero somos muy malos cuando debemos dar. Los estudiantes chilenos han salido a las calles, en un conflicto que ya se extiende por más de dos meses y que ha amenazado con definir al país vecino como ingobernable, se juega en este conflicto una serie de demandas, siendo las más relevantes: el fin del lucro en la educación superior y un cambio radical en el sistema de financiamiento en los sistemas educativos. Los pedidos, no lo vamos a negar, ingresan dentro las políticas sociales que podrían constituir un mundo soñado, pero tienen un precio que pagar. Si bien en el mundo existen países en los que la educación e incluso la salud tienen altos niveles de gratuidad, no debemos mirar solamente tal beneficio, sino también la obligación que ello implica, ¿preguntémonos entonces cuál es el nivel impositivo que debe de cubrir un ciudadano de un país con educación y salud gratuita?, si vemos el caso de Dinamarca sus impuestos alcanzan a un 63%, si lo comparamos con la realidad nacional, algo no rima ¿cierto? Si me equivoco consulte a su presupuesto o a su bolsillo.
Sigamos con este análisis: la gratuidad, que en el fondo no es tal, ya que como definimos al inicio, concordando con el presidente chileno, “nada es gratis”, llegará a través de los impuestos que no solo los pagamos los mortales como usted o yo, también los tienen las empresas, en este cálculo habría que considerar lo difícil que es mantener una empresa en el país, amén de las desinteligencias que nos deja la administración correcta de los impuestos. Este conflicto, no es exclusivo ni privativo de nuestro país, es un mal endémico en toda América Latina, los impuestos en la región no se ven como algo tangible en obras, en educación, en salud, se transforman en un botín político que deja tremendas dudas en toda la población. Si comparamos los impuestos de las utilidades de las empresas tenemos que en Brasil una empresa (que cumpla todas sus obligaciones tributarias) tendría que pagar el 148% de sus utilidades anuales (sí mi querido lector, no se trata de un error de transcripción, se trata de tributar más de lo que gana, esto – quizás – explique por qué existe evasión fiscal), así Argentina cobraría por lo mismo un 98%, Uruguay 80%, Colombia 75%, República Dominicana 57%, Perú 51%, Venezuela 49%, Chile 47% y México 31% (datos del Banco Mundial) , lamentablemente no me animo a hablar de Bolivia porque puede interpretarse de cualquier manera y mejor resulta caer en la autocensura.
A modo de conclusión, sin ser negativo en las demandas que socialmente pueden ser muy justas pero sin dejarme tampoco llevar por las soñadoras tendencias socialistas tan en boga últimamente: es preciso que los países de la región, Chile y Bolivia incluidos, puedan empatar con políticas económicas reales y sostenibles, con sistemas tributarios simples y transparentes, con honestidad en la administración pública y resultados demostrables, dándonos cuenta (en el caso boliviano) que el empresario privado no es el enemigo y que estamos asfixiando a las fuentes de empleo que son las únicas que podrán salvarnos de un descalabro económico (y por ende productivo y energético) y que las medidas sociales, si bien justas, deben de pasar por regulaciones estrictas enfocadas en la calidad y no en la excesiva intervención ni perjuicio del Estado contra el ciudadano o el empresario.

jueves, julio 28

Humala ¿Populista o Estatista?


Ambos países (Perú y Bolivia) son considerados una sola nación, más allá de los elementos constitutivos que como Estados sostiene cada uno y que los hacen distintos legalmente y a nivel internacional, en el fondo, en esencia son muy parecidos.
Tropezamos con dificultades similares y hasta debemos confrontar, en muchas ocasiones, frustraciones comunes. El pasado 28 de julio el Presidente Humala asumió la dirección de su país, al parecer, con la figura muy clara y transparente, alejarse de la visión Chavista de gestión e incidir en la visión pública y de logro del ex mandatario brasileño Lula Da Silva.
Como boliviano, me resta, por supuesto, sentir pena que sea él quien tenga esa visión en vez de mi mandatario, quien por el contrario se encuentra más cerca del radicalismo de Hugo Chávez que del pragmatismo social de Lula. Sin embargo de lo cual existen razones importantes para considerar a Humala un posible (nótese que no es una afirmación) freno en las ambiciones socialistas Venezolanas, acercándose más al modelo brasileño que al Caribeño. Para Ollanta Humala su gestión está plagada de retos que, en ciertos casos, son también similares a los que en su momento enfrentó el Presidente Morales en nuestra Bolivia, su primer reto está marcado con poder desarrollar un grado de estabilidad sólido, una confianza que se hace necesaria para sostener la imagen económica de Perú en el contexto internacional, fruto de esta imagen es que se espera la tranquilidad de los inversores, empresarios privados nacionales e internacionales y de la propia bolsa peruana que ya con el susto de la victoria del partido de Humala, Gana Perú, registró su mayor caída en la historia (12,51%). Un segundo reto que enfrenta el mandatario es algo que lo diferencia mucho de su par boliviano, y es que Ollanta ganó con un estrecho margen las elecciones peruanas (3%) lo que lo obligará a buscar alianzas, siendo el más probable aliado el ex presidente Toledo, unión que no se ve muy sólida ni muy duradera en todo caso. Otro reto, similar a los que enfrentamos en Bolivia, será la lucha contra la pobreza, este factor que fue un eje en la campaña de Humala, debe pasar de los discursos a los hechos, y si bien la retórica es harto rica en sostener cualquier oferta, la realidad es todo lo contrario y puede costarle muy caro el incumplimiento o siquiera la dilación en políticas y respuestas ágiles a las asimetrías sociales (un tercio de los 30 millones de peruanos es pobre). Otro reto muy similar a los que viven los gobiernos bolivianos es la atención a las demandas sociales, cuya insatisfacción es muy similar a la que muchos sectores en Bolivia sienten y desembocan en reclamos y una serie de nuevos problemas con los cuales todos los mandatarios luchan generación tras generación, por ende Perú no es la excepción y sus indicadores de demandas no atendidas son, igual que las nuestras, altas (cerca de la mitad de la población peruana carece de saneamiento básico, uno de cada cinco peruanos tiene seguro social y su calidad educativa está entre las más bajas de la región), un reto también presente es que su partido político es indisciplinado, muy distinto a lo que, al menos en su inicio, mostró el masismo en Bolivia donde la voz del Presidente Morales era ley.
Estará en Ollanta Humala definirse como Populista (estilo del Socialismo del Siglo XXI) o como Estatista, como ciudadano con dos dedos de frente y con el conocimiento técnico necesario, espero que su paso por el hermano pueblo peruano sea más positivo y refleje, en acciones y no en retórica, desarrollo para sus ciudadanos, sus empresarios, sus instituciones, sus sueños y su futuro.

viernes, julio 15

Y el orgullo de ser boliviano?


Por lo general, en la hojarasca de situaciones en las que vivimos cotidianamente, más ocupados de sobrevivir que de vivir y siempre críticos con quien nos gobierna o con quien es distinto a nosotros, enfocados más en las diferencias que tenemos con el vecino que en lo común que ostentamos, nos olvidamos de la visión de país que únicamente se recupera con una pasión que parecía revitalizarse en la vecina Argentina. Esta vivencia, emoción de generaciones es de muy simple encuentro, de muy fácil mención y hasta pareciese irrisorio que sea lo único que pareciese poder unirnos, más allá de ser collas, cambas o vallunos, y es que el fútbol, en su simple concepto de correr tras el balón y lograr, evitando a cuanto rival pudiese encontrarse en frente, anotar un gol, es suficiente para hacer que la gente desempolve sus banderas tricolor, sus poleras verdes y, más importante aún, su actitud positiva hacia el país.
Tras el empate logrado ante la anfitriona selección gaucha, creímos nuevamente en nosotros, bastó ese empujón de optimismo para que todos vuelvan a ser bolivianos de nuevo, para que desde el más hasta el menos, se muestren orgullosos de ser bolivianos. Bastó eso, un resultado favorable ante uno de los firmes candidatos a ser campeón de la Copa América, el resto, tiempo entre ese encuentro y el exitista partido que se veía fácil contra Costa Rica, fue un mar de orgullo nacional, un momento de felicidad para propios y extraños sumidos en una ficción que al menos sirvió para despertar como bolivianos siquiera un par de días.
La historia no se detiene, al igual que el tiempo, y por ende llegó el partido siguiente donde fuimos derrotados por Costa Rica, peor aún se ratificó la vieja historia con Colombia y terminamos como últimos de nuestra serie, y tuvimos que, luego que un rastrillo de fuego nos destrozara las ilusiones, agarrar nuestro sentimiento nacionalista y volver a guardarlo en un obscuro baúl que se mezcla con el firme olor de la derrota. Pero, y ya analizando este efecto, ¿será correcto llegar a sentirnos orgullosos solamente con el fútbol? Seguro que no, porque lo que somos, no podemos evitarlo, somos bolivianos aún cuando perdamos todos los encuentros futbolísticos hasta el fin de los tiempos, pero entonces ¿qué sucede?
No necesariamente se debe de ser entendido en psicología o sociología para poder comprender lo que sucede en un país como el nuestro, bastará con ser boliviano, con ser un ciudadano más que vive y sufre con su selección y con todo lo que ve y escucha para poder entender a cabalidad las frustraciones que debemos sufrir, y peor aún, tratar de explicar a nuestros hijos.
No sé si es por el radicalismo de izquierda del gobierno de turno, quizás por las declaraciones sin sustento del Defensor del Pueblo sobre la venta de niños en Bolivia, quizás por las imágenes de perros degollados que dieron la vuelta al mundo años atrás, o simplemente por el manipuleo en las listas de candidatos a autoridades judiciales en las (sui generis) elecciones de magistrados que realizaremos pronto, realmente no podría afirmar que sean estos los únicos culpables de que la falta de orgullo nacional sea una constante en nuestro diario vivir, pero sí sé que lo único que nos queda como ciudadanos comunes y corrientes es aportar con lo nuestro, a lograr que con nuestro trabajo logremos sentirnos orgullosos de nuestra patria, a ser buenos padres, hermanos, hijos y amigos, a ser disciplinados y puntuales, limpios y educados, esto, es quizás, lo único que podemos hacer en los hechos para mejorar el orgullo nacional.
Ese debiera ser el grano de arena que pongamos nosotros para sentirnos orgullosos de ser bolivianos, amén de lo que la Selección pueda hacer o las autoridades se animen a intentar.

jueves, junio 30

El servicio y la atención al ciudadano en Bolivia


En un país acostumbrado (no por ello entiéndase que por todos) a las filas eternas, a que el funcionario uno ponga el sello cuadrado, el funcionario dos el sello redondo, el funcionario tres el sello triangular y el funcionario cuatro rechace todo, o en pocas palabras a la burocracia. En este país en que uno puede caminar por las calles del centro de la ciudad y corre el riesgo de toparse con todo tipo de suciedad a la vista y paciencia de las autoridades, en un lugar donde una semana se entregan obras públicas y a la semana siguiente ya se olvidaron de su mantenimiento o, peor aún, fue quemada la obra por una turba que reclamaba intereses sectoriales, en una nación donde pesa más lo sindical que lo académico, en el que la iniciativa privada no recibe apoyo y más bien se legaliza lo ilegal, al extremo de ahora ser considerados “basurero del mundo” (incluso con reclamos formales de países limítrofes extranjeros) y donde tendemos y hasta somos incentivados a “meterle nomás” no existe una noción clara de servicio y atención al cliente, llamémosle en este caso: atención al ciudadano.
Al parecer ahora se está dando un paso adelante (espero) en una instancia fundamental de la atención al ciudadano: Identificaciones. El cambio promovido por el actual gobierno en lo que hace a la administración del servicio de identificaciones era un tema necesario desde hace décadas, la mala atención y el mal servicio al ciudadano en las instancias de identificaciones dependientes de la Policía Nacional era un nicho de corrupción donde lo más común era que el trámite personal se hubiese extraviado y que para “reponerlo” había que pagar un monto de dinero, por el cual nos “hacían el favor” de darnos una mano, donde existía más de un tramitador que, para evitarnos la fila, nos cobraba y nos dejaba colarnos solo para la foto mientras el resto del trámite lo “agilizaba” él. No lo afirmo yo, lo escuché una y mil veces en familiares, amigos y hasta desconocidos que protestaban por el maltrato (sí, entiéndase bien: maltrato) en que los ciudadanos eran objeto en estas oficinas. Filas desde tempranas horas del día para ser tratados de mala manera, para soportar el funcionario que, vestido de verde olivo, nos atendía con lentitud y mala gana. ¿Miento?, ¿exagero?, sinceramente no lo creo. Si bien quizás no puedo generalizar (me imagino que alguno habría que trabajaba de manera honesta) la gran mayoría sufría de esa falencia: en pocas palabras que esto cambie, era necesario.
La nueva gestión que iniciará sus servicios debe pasar por un proceso de reorganización con pilares fundamentales que los conocemos todos: honestidad, eficiencia y efectividad, respeto al ciudadano y un alto grado de informatización, que haga que el servicio sea realmente útil para la población. Si todo va bien aún existen nuevas dependencias en las que acciones similares deberán implementarse.
Esperemos que el nuevo manejo de Identificaciones, ahora bajo manos civiles, no caiga en manipuleos de tipo político y otorgue, ante todo, un buen servicio al ciudadano boliviano.

jueves, junio 16

La responsabilidad, Bolivia y nosotros


La responsabilidad es un factor en el cual una persona responde, en la medida del grado de intervención que ha tenido, por un daño producido por acción e incluso por omisión, esta responsabilidad, que se aplica en las profesiones también debiera ser considerada por el ciudadano común.
¿En qué medida se considera usted responsable de los problemas que a diario vemos en nuestra ciudad? Si no lo pensó nunca le recomiendo lo vaya haciendo ya que es este, y no la visión clientelista usualmente empleada, el primer paso para un progreso nacional real.
¿Se puso alguna vez a pensar en que esta ciudad sería más limpia si usted no tirara al piso el envoltorio de su chicolac?, ¿de su chocolate?, ¿el talón de la entrada del cine?, ¿e incluso el chicle que llevaba en la boca? Pero lo más común es ver que la madre, con ventana del coche abierta, prefiere tirar su basura a las calles de la ciudad frente a sus hijos (que ejemplo ¿verdad?) en vez de meterla en el basurero del coche.
Quizás tampoco consideró que podríamos tener calles más fluidas si el conductor del micro no parase donde le de la gana para recoger a un pasajero, sin importarle un bledo que detrás tenga una hilera interminable de coches que a su vez bloquean las principales arterias de la urbe. Peor aún, ¿cuál la responsabilidad del ciudadano de a pié que hace parar al micro a media calle? Si usted no pretendiera tomar el micro a media calle seguramente el micrero no pararía tampoco.
Toquemos un ejemplo craso, incluso deprimente, ¿cuál la responsabilidad del vecino en lo que hace a su aseo personal?, ¿Por qué – más allá de su clase social y su color de piel – se deben de soportar todo tipo de olores en ciertos lugares de conglomerado humano?
O quizás considerar un clásico de la viveza criolla: ¿Por qué tenemos la rara costumbre de alentar al que es más “vivo” y criticar al más inteligente? O miento si afirmo que en los mares educativos el mejor estudiante es el “corcho”, el “nerd” y el flojo y vago es el “capo”.
Finalmente, para no extenderme (porque los ejemplos pueden ser interminables): ¿Por qué alentamos al que evita la fila? E incluso más allá porque para todo debemos hacer interminables filas en las que debemos soportar mal trato y poca eficiencia.
Y es que Bolivia es un mar de contradicciones, por un lado las gubernamentales, tal el pedido de que se retiren los coches viejos del transporte público vs. la idea de aceptar que los chutos inunden las calles del país, o las del ciudadano común que a más de criticar no hace nada, ni siquiera actuar correctamente, y es que somos buenos para exigir derechos pero no para cumplir obligaciones.
Concluyendo, y a riesgo de sonar reiterativo, ¿en qué medida somos nosotros mismos responsables de que nuestro país esté donde está?

jueves, junio 2

¿Avanzamos? o ¿vamos de la sartén al fuego?


La pregunta queda flotando en el espacio: ¿avanzamos? o ¿vamos de la sartén al fuego?
La renuncia de un Ministro de Estado por denuncias de corrupción no deja de ser una alerta de lo que viene sucediendo en las altas esferas del poder boliviano, el poder es tentador, su ejercicio ilimitado tiende a la tiranía y al despotismo y, al parecer, ciertas autoridades no son la excepción a la regla.
Por otro lado las amenazas y encontronazos con Chile se suman a la ya larga fila de desaciertos diplomáticos del Gobierno (sin mencionar los roces con Argentina por el funcionario Iraní que visitó el país recientemente) , sigue esto la cadena de falta de profesionalismo en el servicio exterior boliviano, ya alimentado en otros gobiernos con el cuoteo de embajadas y puestos diplomáticos, dejando de lado a los profesionales de carrera y encumbrando a cualquiera en representación internacional del país.
Ahora el ingreso y legalización de vehículos “chutos” para mal de males en las ya congestionadas calles de las ciudades, han marcado una ruta de desorganización que deja de lado nociones básicas de desarrollo. Si por un lado pasa esto (dando facilidades a quienes no comercian de manera formal) por el otro lado el empresario real debe someterse a multas si no actualiza su registro de comercio. En pocas palabras fomentamos lo irregular y dejamos a lo regular para que se las arregle como pueda.
Finalmente, el traspaso de los servicios de identificaciones y licencias de conducir a una entidad distinta a la Policía Nacional era algo necesario, hasta el extremo de que bien puedo apostar que no conozco nadie que no haya sufrido algún tipo de abuso o malestar por obtener uno de estos dos documentos, ya sea por la falta de visión de atención al cliente, por los tramitadores que cobraban su plus por evitarnos perder el tiempo en las interminables filas amparados en que conocen a “alguien” que es capaz de hacernos “colar” o simplemente por el trato poco profesional que muchos brindaban en esta entidad. Si el proceso de creación de entidades civiles para lograr una mejor atención funciona estamos ante un paso bastante importante en mejorar un servicio fundamental para los ciudadanos del país, si, por otro lado, se llega a politizar esto o sucede un intervencionismo del Ejecutivo en el manipuleo de esta información, estaremos ante una amenaza directa a la democracia tal cual la conocemos.
¿Quién navega este barco?, ¿lo hace bien?, ¿Vamos bien o vamos de la sartén al fuego?

jueves, mayo 5

Usted, yo, la realidad y la libre oferta y demanda


Seguramente que usted compra en los mercados populares o en el supermercado más cercano, incluso lo más común es que usted puede ir a la “tienda de la esquina” y pedir lo que necesite para su diario vivir, así también puede elegir para sus hijos tal o cual tipo de ropa según sus gustos, posibilidades económicas y funcionalidad, de igual manera si desea comprar algo para comer, bien puede ir a disfrutar de un buen pollo, carne o incluso comida vegetariana, aspecto sujeto a su decisión y capacidad adquisitiva.
Lo propio puedo hacerlo yo, en el supermercado, la tienda, el mercado popular, con la ropa, la comida y por supuesto mi propio margen de libertad. A esto se denomina libre oferta y demanda de bienes y servicios, sistema en el cual, desde hace tiempo ya, vivimos las y los bolivianos., esa es – si quiera llamarla así – nuestra realidad.
Pero en discursos oficialistas el pasado 1ro de mayo (e incluso antes) la libre oferta y demanda ha sido declarada muerta y se ha anunciado una nueva forma de manejar el sistema nacional, la gran interrogantes es ¿cuál es la alternativa?
Si se pone a imaginar brevemente cómo sería una realidad sin oferta ni demanda libre, estamos ante un espectro de regulación total del Estado, un Estado que tiene duros tropiezos para mantener siquiera satisfecha a su población con la producción de bienes y servicios, que (tal cual los gobiernos de los partidos llamados tradicionales) empieza a denotar faltas en eficiencia y transparencia y que aún a pesar de esto, sostiene en alto el slogan de ser un “proceso de cambio”. Si se daría tal situación y el vecino común no podría ir a comprar libremente lo que necesite a una tienda, o que vaya y no exista la producción necesaria, o que vaya y no existan las marcas que más le agradan, tendremos no solo a los ciudadanos molestos sino también a las mismas Federaciones del Trópico enfadas ya que la sociedad boliviana, mal que le pese a quien le pese, es una sociedad que disfruta de la libertad y beneficios que durante años ha otorgado el libre mercado.
Que el sistema liberal tiene sus problemas y sus injusticias, es evidente, que se deben de luchar contra estos también es cierto, pero a la fecha, es un sistema que ha venido funcionando y ha permitido que el Presidente Morales pueda comprarse la chompita que paseó por Europa, que ha permitido que usted pueda comprarse el auto que ahora tiene y que ha facilitado que la producción de empleo sea también apoyada por las manos privadas del desarrollo y un sinfín de cosas más.
Hablar de que la libre oferta y demanda vaya a desaparecer va contra la realidad que - gracias a Dios - disfrutamos. Que el 21060 es cosa del pasado seguro que sí, que vamos por un camino complejo y lleno de complicaciones, también es evidente, ¿pero que la libre oferta y demanda desaparezca con un decreto supremo emitido el 1ro de mayo? Seguro también que no es una realidad.

jueves, abril 21

El futuro de los bolivianos

¿Qué esperamos del futuro los bolivianos? Es quizás la pregunta que nos planteamos cada vez que vemos a nuestros hijos crecer inmersos en un mar de conflictos sociales, en una maraña de temores amparados en los denominados procesos “de cambio”, en una administración estatal poco efectiva y con un bajo sentimiento de patriotismo que provoca que cada vez seamos menos bolivianos.
Según un estudio difundido por la red mundial de noticias BBC de Londres, en Bolivia los conflictos sociales son cosa diaria, su permanencia a lo largo de los años se ha convertido en un motivo por el cual se puede afirmar que, o no existe gobierno capaz de satisfacer las necesidades de la sociedad o realmente somos un público difícil y poco tolerante. Y es que se ha convertido en parte de nuestra idiosincrasia el aceptar que los conflictos sociales están ahí y “así somos”, incluso ya se han establecido, en las fuentes de trabajo, políticas para prevenir las irregularidades que a diario vemos. Para ir ordenando las ideas, es menester que empecemos a aceptar la idea de que la inestabilidad no es el camino al progreso y al bienestar, y la máxima muestra de inestabilidad en nuestro país la sufrimos a diario a través de los bloqueos, marchas y paros de todo color y olor. Más allá de las razones estos factores son neta y pura inestabilidad.
Por otro lado se ha presentado en los años recientes un proceso de cambio promovido por el gobierno de turno, enfocado – a decir de sus propios representantes - en una visión de tinte socialista, el que ha dejado (sobretodo en un inicio y, aún dudas latentes, en los tiempos recientes) amplias lagunas en torno al respeto a la propiedad privada, al derecho a la sucesión hereditaria y (quizás el peor factor) la falta de promoción y garantías a la libre iniciativa privada. Esta visión, que ha derivado en los procesos de nacionalización y en una gama de intervención estatal también pareciera haber coincidido con racionamientos de todo tipo y color, afectando en primera instancia al ciudadano común que a diario debe verse sujeto a estas carencias.
Por su parte y ligado a esto último se ve el crecimiento del estado con la intención de copar espacios con los mismos vicios y errores de la política tradicional (cuotas de poder repartidas, funcionarios designados a dedo y sin mayor respaldo que pertenecer al partido que ejerce el poder) y el ciudadano común sigue sufriendo los males de toda la vida, desde poder acceder a su cédula de identidad hasta culminar el vía crucis que significa poder ser un emprendedor.
Finalmente el bajo nivel de patriotismo es perfectamente entendible cuando leemos las líneas anteriores y nos damos cuenta de que queda poco para el futuro de nuestros hijos.
Hace falta (y urgente) un giro en el manejo del país, necesitamos un proceso de cambio, efectivamente, pero este proceso no deberá ir por desestabilizar la escasa estabilidad de los bolivianos ni por pretender que el estado sea amo y señor de todo (aspecto que ya se demostró y lo sigue haciendo: no funciona) sino que debe de apostar por un futuro en el que tengamos un estado que garantice la estabilidad promoviendo a la iniciativa privada como motor de desarrollo y progreso, buscando madurar en el sentimiento común un sentido de responsabilidad y educación del que hoy carecemos.

jueves, abril 7

Las necesidades, la escasez, Venezuela y Bolivia


En ciertas ramas del conocimiento humano se ventilan elementos conceptuales que bien pueden ilustrar el desarrollo de dos de las naciones más importantes de la región, por un lado Venezuela y por otro lado Bolivia, la primera importante en la medida en que es fuente petrolera mundial y una nación rica en diversos otros elementos, la segunda, nuestra Patria, con ingentes recursos naturales y una población prometedora en diversos aspectos si es que se sabe trabajar su potencial. A fin de integrar lo dicho con las concepciones indicadas se hace preciso tomar lo que comúnmente se puede identificar como una necesidad: un desequilibrio o una carencia que se hace preciso satisfacer o enmendar, en esta lógica para satisfacer las necesidades encontramos dos caminos posibles: los bienes (entendidos como las cosas que logran la satisfacción de una necesidad) y los servicios (como el trabajo que logra hacer lo propio). Estas necesidades las tiene usted, yo y el vecino, por ende son comunes a los integrantes de las sociedades, incluyendo la venezolana y la boliviana.
¿Qué sucede cuando las necesidades no son satisfechas?, ¿se imagina usted no poder adquirir los productos de primera necesidad en la tienda de la esquina de su casa?, por supuesto que se lo imagina, ya lo vivimos con el azúcar y el cemento y al parecer no será la última cosa que debamos soportar. Permítame comentarle que en Venezuela la sociedad se ha acostumbrado ya a vivir así, con carencias y por ende sin satisfacer necesidades que en otro tiempo eran plenamente posibles de ser saciadas. Para mencionarle ejemplos concretos me permito indicar algunos: la pasada semana grandes regiones del país liderado por el Presidente Chávez se quedaron sin luz en dos ocasiones al menos, esto sucede luego de un 2010 en el cual se declaró la “emergencia eléctrica” debido (a decir del Gobierno) a la sequía que afectó al país y que provocó racionamientos y apagones programados. Para los venezolanos la escasez es ya una palabra común, puede ser la carne de primera, el pollo, la leche en polvo, el aceite, los repuestos de automóviles o el material de construcción, o como sucedió a fines del mes pasado lo que faltaban eran los pañales y las toallas higiénicas. Los argumentos gubernamentales en Venezuela son similares a los que escuchamos también en nuestra amada Bolivia y pasan por la especulación, la falta de insumos y la afirmación casi ciega de que lo que existe es la “permanente presión de grupos económicos, empresarios, las Cámaras, que para presionar al gobierno hacen un esfuerzo para sacar los productos del mercado" (diputado oficialista Jesús Farias).
¿La historia le resulta similar?, ¿le preocupa lo que leyó?, ¿qué está sucediendo en Venezuela? y más allá de esto, la preocupación que motiva un artículo como éste: ¿en qué medida nuestro país podría seguir los pasos que ha tomado Venezuela?
Esperemos que bajo la lógica de la sana reflexión, recuperando la responsabilidad, el buen juicio, y el limpio criterio, el actual gobierno pueda lograr desmarcarse de la influencia radical del mandatario venezolano, para poder finalmente hacer de nuestro país un lugar bueno para vivir y una nación estable con pleno respeto a los derechos humanos, la libertad de expresión y altos niveles de desarrollo humano.

viernes, marzo 25

La mejor ciudad para vivir


Por quinto año consecutivo la ciudad canadiense de Vancouver ha sido elegida por The Economist como la mejor ciudad para vivir, para llegar a esta conclusión, ha considerado treinta indicadores que hacen a una buena ciudad, destacando aspectos tales como: atención a la salud, cultura, medio ambiente, educación, infraestructura y estabilidad política.
El tope de esta lista está dividido principalmente entre ciudades de Canadá y Australia, ya que luego de Vancouver se ubican Melbourne (Australia), Viena (Austria), Toronto (Canadá), Calgary (Canadá), Helsinky (Finlandia), Sidney (Australia), Perth (Australia), Adelaida (Australia) y Oakland (Nueva Zelanda). Como verá, no está ninguna Latinoamericana y, a pesar de la activa movida comunicacional Hollywodense, ninguna Norteamericana.
Claro está, que nos queda para lamentar que ninguna ciudad de la región latinoamericana se hubiese podido posicionar siquiera entre las mejores cincuenta mejores ciudades, lo que es explicable con solo mirar alrededor y observar que nuestras bibliotecas no podrían competir contra la biblioteca pública de Vancouver que tiene más de un millón de títulos, ni tampoco nuestra cultura de justicia pro linchamiento o las continuas denuncias de violación dejan cabida a los bajos índices de criminalidad que ostentan varias de estas urbes. Ni me animo a comparar, por simple vergüenza ajena, nuestro sistema de transporte público con lo que pueden tener las ciudades arriba mencionadas, donde la fluidez de su transporte y la calidad de su servicio es indiscutible, a diferencia del micro destartalado y viejo en el cual, amén de los olores que se deben de aguantarse, debemos transportarnos cotidianamente las y los bolivianos.
En lo que hace a la infraestructura aún nos falta mucho, las calles congestionadas de baches nos dicen una realidad a gritos, la basura en los lechos de los ríos o en las esquinas (incluso junto al contenedor) dan otro acierto de que en Bolivia nos falta mucho por aprender. En lo que hace a la estabilidad política no tendríamos cara para poder decir algo, el cuoteo político, la mala práctica en la gestión pública y el abuso de poder y poca eficiencia en el servicio deriva en maltratos que debemos de aguantar todos los días. Los continuos cambios en los municipios del país dan una muestra imborrable de la estabilidad política en que vivimos.
Mucho de lo anterior es cultural, estamos acostumbrados a hacerlo, siempre se hizo así y muchos no quieren cambiar. Pero no por ello se debe perder la esperanza, y espero, sin ánimo de ofender a nadie, que este artículo sirva como reflexión para mejorar, para observar nuestros errores y no contentarnos solo son criticar o sumarse al montón, recuerde mi estimado lector, la ciudad somos todos y uno sí puede hacer la diferencia.

jueves, marzo 10

De friegas y refriegas


Vivimos continuas friegas y refriegas entre los transportistas y la población civil, la gobernación, el municipio, sumadas todas a las incesantes lluvias que dejan hondo pesar en las familias bolivianas y matizadas siempre por el Gobierno que en su conjunto empieza a tener notorias contradicciones y “hace aguas” en frentes tan delicados como la lucha contra el narcotráfico y la capacidad para poder liderar a un país tan complejo como es Bolivia. A esta tremenda mezcla se le sazona únicamente con el carnaval, que como en tiempos inmemoriales, hace que el boliviano baile, beba y olvide sus problemas, aún a costa de perder su costa marítima o cualquier otro riesgo. Y es que así somos, como diría Don Calletano Llobet, conocido columnista nacional “así no más había sido”.
La historia del país gira en torno a un sinfín de luchas, de aspiraciones y, muchas veces, frustraciones mal llevadas. La idea base o global, pareciese repetirse en un pantano en el cual nos hemos estancado ya por varios días y en el que, a raíz de un explosivo fin de año 2010, con un gasolinazo que parece quemó todo y dio pié a una serie de inestabilidades domésticas y otras no tan domésticas, hemos llegado a derivar en enfrentamiento continuo entre hermanos. ¿Y el Gobierno principal artífice de que se encendiese la mecha de tamaño descontento? Bien gracias, prometiendo viviendas a los afectados por el llamado Megadeslizamiento en La Paz mientras la diarrea y los resfríos hace su agosto en pleno marzo.
En otro frente, el nivel de conocimiento que las autoridades nacionales tenían, o no, sobre el caso René Sanabria, no es lo más importante ahora, el fondo del asunto es que la política antidrogas del actual Gobierno no está funcionando, no en vano las noticias en las fronteras e incluso más allá, hacen referencia a droga boliviana. Si la lógica era que la DEA se vaya, para en su reemplazo, ganar dignidad, dudo mucho que la mayoría de los bolivianos notemos diariamente que nuestra dignidad se promueva con mayor producción de droga y un irracional cultivo de coca originaria.
A la par, los famosos, no fiscalizados y hasta (pareciesen) prebendalistas cheques venezolanos ya van cobrando sus facturas al Gobierno, y es que nada es gratis, y Hugo Chávez no es Papá Noel ni tampoco un sujeto transparente, odia la libertad de prensa tal cual se ensaña contra el capitalismo y lo mismo nos cobrará lo que nos dio que cantar por su programa radial.
Como dije, y haciendo alusión a que una “friega” es una molestia, en el país se van sembrando una serie de incomodidades que tarde o temprano le cobrarán la factura al Presidente Morales. Si hoy tuviésemos elecciones nacionales ¿ganaría el Movimiento al Socialismo? Quizás no, e incluso quizás la pregunta no va tanto por eso sino por ver si no es él, ¿quién?
Entre tanto, MAS friegas y refriegas nos esperan.

jueves, febrero 10

La inconformidad, la iniciativa privada y el Gobierno


La voz de la inconformidad se escuchó nuevamente en los dinamitazos del pasado 10 de febrero en la Plaza del mismo nombre en la Capital del Folklore Boliviano, aquella ciudad que otrora había recibido orgullosa al Presidente Evo Morales, ahora le expresaba su rechazo a través de silbatinas para aquellos que desfilaban con el brazo izquierdo en alto y para el propio Presidente, logrando incluso con ello que prácticamente “escape” a la sede de Gobierno evitando confrontaciones indeseables.
Este rechazo, que en los últimos días se traduce y se manifiesta en las múltiples filas que deben de realizarse en el país, también se vivía el mismo día en Cochabamba y otras ciudades del país, con una marcha en la que cientos de personas gritaban a voz en cuello consignas que reflejaban la situación compleja del panorama nacional.
Pero analizando el fondo de la problemática nacional, más lejos aún de las negociaciones entre los lecheros y la Pil, o por debajo de la caña de azúcar y los problemas climáticos que provocan líos con el precio de la papa (los que, ojo, no niego son factores importantes), persiste una visión transversal en el accionar gubernamental que se evapora por todos los poros de los funcionarios que conforman el gobierno: la falta de promoción a la iniciativa privada.
El conjunto de un país lo hacen sus ciudadanos, quienes a la vez son productores en la medida en que pueden ser emprendedores o no, en los países más desarrollados aquellos que tienen un emprendimiento son apoyados bajo distintas formas (incluida la seguridad y garantía de su inversión) y se convierten a la vez en generadores de empleo, en productores de bienes y servicios y por ende llegan a satisfacer, de mejor manera, las necesidades de las sociedades que siempre van en aumento. A esto se lo conoce como libre empresa, la que no significa (salvo interpretaciones radicales), un abuso en el cual el empleador pueda derivar en abusos a los trabajadores. En su momento Chile mostró que se podían bien sostener agresivas políticas de corte social en un sistema de libre mercado que hoy puede gozar de estabilidad, empleo y por ende desarrollo.
Nadie podría estar en contra de muchas de las medidas sociales que el gobierno liderado por el Presidente Morales ha puesto en marcha, las que – en su oportunidad y desde este mismo espacio – se aplaudieron, pero también resulta necesario analizar los contras que pueden existir en caso de persistir un corte “socialista” que únicamente llevará a mayores descalabros.
Necesitamos más hospitales de tercer nivel, más atención básica en salud, educación de calidad, orden incluso en las calles, más unidades educativas y más ítems para maestros y médicos bolivianos, más de todo y la forma de construir esto es a través de mayor unidad, más trabajo para los bolivianos y mejores condiciones y garantías para la iniciativa privada.

viernes, enero 28

El silencio del ciudadano de a pié


El ciudadano de a pié, el trabajador, el empresario, la ama de casa y hasta el funcionario gubernamental comentan a diario los problemas que acarrea la escasez de productos, la falta de azúcar, cemento y el incremento en los precios fruto del gasolinazo del fines del pasado año, ese comentario es común en las tiendas de barrio, el supermercado y en la mesa del almuerzo. Extraña, sin embargo, que a diferencia de otros años (con lógicamente otros gobiernos) en el fondo “nadie diga nada”, no se ven las marchas que se vieron en ocasión del pretendido impuesto al salario del gobierno de Sánchez de Lozada, ni tampoco las hileras de marchistas en la calle Jordán cuando Banzer solo “comentaba” medidas que podrían afectar a los comerciantes informales. Más aún es curioso ver que líderes de determinados sectores, con evidente relación pro oficialista, ya anuncian la aceptación del gasolinazo aún a costa de sus propias bases sociales, las que – a no creerlo – “no dicen nada”.
Ya tocando materia de fondo, la abundancia de los pueblos se ha reflejado, en las distintas épocas, en el éxito comercial de sus pobladores, como entes privados y no públicos, de esto han sabido los pueblos como Egipto o Atenas, en la Edad Antigua, y hoy en día lo saben también las naciones de primer mundo que, aun a riesgo del consumismo masivo, gozan de la abundancia de sus bienes y no deben de hacer filas masivas para lograr azúcar o cemento. Por otro lado el intervencionismo estatal, el macro o súper estado empresario, ha sido siempre una imagen pública de beneficio común pero muy poco efectiva en la realidad, con las dificultades clásicas de este tipo de entes su productividad no alcanza a satisfacer las necesidades de una población en constante crecimiento y siempre hambrienta. Por lógica conclusión el Estado como empresario no resulta una buena idea, y sería prudente que el Gobierno Nacional reflexione y cambie su línea económica para dejar de atacar al empresariado privado y en lugar de ello otorgarle estabilidad, seguridad jurídica y condiciones de trabajo para que, a costa de la creación de fuentes de empleo, pueda satisfacer las demandas de la ciudadanía.
Retomando el diario vivir, el silencio del ciudadano de a pié, que nada tiene de sincero, pero mucho de miedo, sigue calando en la misma sociedad y en algún momento saldrá a brote, y - por lógica – deberá de cobrar la factura que corresponde en las urnas de la democracia. Mas esta es solo una idea, una tesis, cuya demostración se verá recién en años venideros y cuya certeza también queda por verse ya que el pueblo boliviano adolece muchas veces de amnesia, no en vano los padres y abuelos de este mismo pueblo eligieron en su momento a Banzer como presidente olvidando los años de dictaduras y no en vano se votó masivamente por el actual mandatario Morales olvidando el daño económico que él mismo ahora reconoce, hizo al país con sus marchas y bloqueos, en su auge como dirigente cocalero. Hoy falta el azúcar, el cemento y todo es más caro, el silencio perdura y el pueblo olvida, mañana, esperemos que la memoria rescate lo vivido y surjan nuevos liderazgos que nos permitan avizorar un futuro mejor.

jueves, enero 13

Bolivia, post gasolinazo


Los días más duros del 2010 se vivieron cuando el año casi expiraba y una crisis masiva, tanto a nivel político como a nivel económico (partiendo de la frágil economía familiar boliviana), se desató fruto del incremento en el precio de la gasolina. Largas filas en los surtidores eran apenas el preámbulo de los precios elevados que hoy vemos a cada paso, los taxis han subido su tarifa, y más allá de que el taxi sea alimentado por gas, se debe a que el chofer toma Coca Cola, construye su casa de cemento, paga las pensiones de sus hijos y usa azúcar para su café. Similar explicación se la vive de manera cotidiana cuando la señora de la tienda de la esquina ha subido un boliviano en todo “por si acaso”.
Y es que el daño ya está hecho, aún cuando el Presidente del Estado Plurinacional afirme que fue un error y – tardíamente - se hubiese dado cuenta que el costo político de semejante medida era demasiado alto incluso para él, el mayor afectado sigue siendo usted que ahora paga más por todo, excepto, por supuesto, por la gasolina que ha vuelto a su precio subvencionado de siempre.
Sin embargo de todo ello y de la rabia de diversos sectores, algo ha cambiado en el país de manera muy evidente: se ha detenido al masismo o, lo que para el presente caso es lo mismo, éste ha frenado en seco. Algo que parecía impensado en algún momento se ha hecho realidad fruto de que a nadie, incluidas las bases sociales del Movimiento al Socialismo (MAS), le gusta que le metan la mano al bolsillo. Ningún cocalero, alteño o dirigente sindical puede convencer a sus bases sociales de que pagar más por algo es una medida buena, mucho menos socialista. Y es que la medida lanzada por el Presidente Morales en diciembre pasado tuvo un riesgo político que ni siquiera el Ejecutivo esperaba, fue una medida económica sí, un suicidio político, en parte.
Como moraleja queda que es algo seguro que el tema de la subvención estatal a los hidrocarburos requiere un análisis especial, y seguro también que lo propio sucede con el delito del contrabando, así como también podríamos afirmar que las soluciones para estos factores pasan por criterios técnicos y no políticos y que toda medida a aplicar debe de considerar, siempre y en toda ocasión, a la población que pueda llegar a ser afectada.
De este modo es que el Presidente Morales decretó una medida liberal, una medida regida plenamente por las reglas del mercado, por aquello que obedece tanto el Imperio Norteamericano como el Socialismo del Siglo XXI de Hugo Chávez y que – queramos o no – también manda en Bolivia, y es que manejar un país no es tan fácil como representar los intereses de un sector social.
El Presidente aprendió por las malas y a un alto costo que no es cuestión de “meterle no más”, sin embargo el resultado, el producto final sigue siendo el mismo, el perdedor de esto a nivel político seguro que es el MAS, en mayor grado quizás el Vicepresidente y junto a él, obviamente, el Presidente Evo Morales, pero el mayor perdedor en todo sentido camina hoy por las calles pagando más por todo, soportando filas para acceder a productos que antes no escaseaban y arañando sus salarios para poder llegar siquiera a fin de mes.