La mañana soleada de enero en que entendió el sentido y razón de aquellos libros, un estremecimiento inexplicable recorrió el espinazo de Charles Louis. Desde hace mucho que todos le llamaban sólo por su nombre y nadie por su apellido, quizás porque era tan difícil de pronunciar que nadie se animaba a hacerlo. Sin embargo, lo que realmente le molestaba era que desde hace décadas, o a decir suyo, siglos, todo se veía desarmado y mal encajado; para mal de males, la gente parecía no verlo, pasaba a su lado sin percatarse de él y se sentía más un espejismo que un ser de carne y hueso. Por ello fue que aquella mañana se sorprendió de que aquella gitana de labios gruesos y mirada profunda le hable:
ー ¿Qué hace usted acá? -preguntó la calí.
El galo, que siempre desvariaba en las pocas charlas que solía sostener, dudó si realmente se dirigía a él, y hasta se espantó de entender esa lengua que sonaba tan distinta, y que, aún siendo una lengua romance como el francés, parecía distante en fondo y forma a todo cuanto él solía entender.
Muy a pesar de todo, en lo profundo anhelaba que le hablen, aun cuando en su mente recordaba con claridad aquella vez que una pitonisa viajera se aburrió de su charla y lo despachó por donde vino, sólo por el hecho de haber afirmado que nació un 18 de enero de 1689, y que de ejercicio y vocación era jurista y filósofo.
ーSepa usted que no puede, ni debe firmar esos libros ーadvirtió la mujer.
Recién ahí el europeo se dio cuenta de que la zíngara se refería a una mesita ubicada en plena calle en la que se exponían unos libros que la gente firmaba al pasar.
ー ¿Y para qué firman? ーpreguntó el francés.
ー Piden que la justicia sea independiente ーrespondió la romaní.
Fue en ese momento que el filósofo recordó que hace muchos años él mismo planteó la idea fundamental, básica y esencial, de la independencia de poderes. Para él era indispensable la separación de éstos, porque bajo su criterio no podía entenderse una sociedad, que no fuese una tiranía, sin este concepto tan básico. Por ello fue que, cuando se enteró para qué eran los libros, se espantó. No fue un susto de sorpresa, fue más bien el miedo profundo a entender, de golpe y sin anestesia, las continuas persecuciones, las permanentes denuncias de corrupción, las sentencias injustas, los criminales favorecidos, los políticos medidos con distinta vara y las licencias ilegales de las que se jactaba el gobierno.
ー Con razón este país está como está ーalcanzó a susurrar el galo, segundos antes de darse cuenta de que no estaba vivo y que era un alma en pena vagando por un país sin justicia.
LA REALIDAD: En enero de 2023, la independencia de poderes en Bolivia fue duramente cuestionada tras el encarcelamiento del gobernador Luis Fernando Camacho. Sectores de oposición, comités cívicos y juristas independientes denunciaron que el Poder Judicial y el Ministerio Público operaban bajo las órdenes del Órgano Ejecutivo, instrumentalizando la justicia para ejercer persecución política. La crisis provocó que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos instara al Estado a garantizar el debido proceso. En contraste, el Gobierno negó cualquier intromisión, defendiendo la autonomía fiscal en el caso Golpe de Estado I. El escenario profundizó la desconfianza ciudadana en las instituciones democráticas.
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(Imagen tomada de: https://puntocritico.com/)

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