Aquella tarde, Rosana Clavel se tumbó al sol con el fin de probar si es que algún ave rapaz bajaría a comérsela. Se creía muerta, no porque sus funciones biológicas hubiesen cesado, pero sí porque se enteró que el gobierno iba a destinar millones de pesos a la campaña del presidente para buscar su reelección.
- ¡Si serán sinvergüenzas! -afirmó.
Ella estaba consciente que la popularidad del presidente estaba por los suelos, y estaba más que segura que ello no cambiaría ni aún enterrando al pueblo bajo una avalancha de propaganda.
- Ojala me muriera -dijo-, es mejor estar muerta a ver que tiren mis impuestos en pavadas.
LA REALIDAD: En abril de 2026, estalló una fuerte controversia en Bolivia tras denunciarse un despliegue masivo y desproporcionado de publicidad estatal y propaganda institucional en medios y redes sociales enfocado en realzar la imagen de la gestión gubernamental. Diversos sectores de la oposición y de la sociedad civil criticaron el elevado gasto de fondos públicos en pauta publicitaria en medio de la sostenida crisis económica del país.

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